Los dueños de las calles

Escrito por  Jun 13, 2018

Atrás parece haber quedado aquella estrategia gubernamental consistente en detectar la inconformidad de segmentos de la población para desactivarlos antes de que estallara y causara problemas a la colectividad.

Cuando agentes del servicio de inteligencia se percataban de que algunos grupos se proponían salir a las calles a protestar por la ausencia de satisfactores a sus necesidades, los reportaban a sus jefes, a partir de lo cual eran comisionados algunos funcionarios para que atendieran a los inconformes, lo cual impedía problemas viales que entorpecieran el traslado de los habitantes hacia sus destinos.

En consecuencia, casi nunca había necesidad de desbloquear o encarcelar a manifestantes, porque no había violaciones a la ley.

La modernidad ha dado al traste con todo.

No es noticia que algún grupo bloquee una calle, carretera o la autopista, o que tome por asalto oficinas públicas o incendie el Palacio de Gobierno; noticia es que nadie lo haga. Todo un acontecimiento era hace pocos años los hechos de sangre; actualmente, es motivo de fiesta el día que no hay un asesinato doloso.

La autoridad lo festeja con singular regocijo y lo difunde en cuanto medio de comunicación tiene a su alcance, presentándolo como un importantísimo logro del gobierno.

Este domingo, unas cuantas decenas de personas que se dijeron familiares de presos del penal porteño, comerciantes y transportistas, bloquearon durante seis horas las dos vías más importantes de la ciudad, con los consiguientes problemas viales y para los usuarios del transporte.

Si bien incurrieron en el delito de ataque a las vías de comunicación, se retiraron hasta que quisieron; la autoridad adujo que no los desbloqueó por prudencia.

Al día siguiente, policías y militares fueron desplegados estratégicamente sobre las dos avenidas, la Costera y la Cuauhtémoc, para impedir que volvieran a bloquear. Obviamente, ni intento hubo.

Lejos de aplaudirse tal decisión, fue más bien calificada con la expresión popular de “hacer un oso”, pues la prevención y la previsión debieron haber tenido efecto el domingo, el día del caos.

O fallaron los servicios de inteligencia del Grupo de Coordinación Guerrero, los estatales y los municipales, o no les hicieron caso, o prefirieron permitir la toma de calles y aparentar que se reinvidicaban con el operativo el lunes.