TLCAN en peligro

Escrito por  Jun 10, 2018

A juzgar por el giro –dramático, por la radicalización que implica– que ha dado el presidente de Estados Unidos a su discurso en los tres días recientes respecto de los principales socios comerciales de esa nación, no es muy descabellado pensar que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte llegue a su fin incluso antes de la elección del 1º de julio en México.

Ese acuerdo con los dos principales socios comerciales de nuestro país, al correr de los años, se convirtió en palanca del desarrollo en sectores puntuales de la economía mexicana, tanto así que –por ejemplo– no hay candidato a presidente de la República que esté a favor de ponerle punto final, si bien todos reconocen la necesidad de revisarlo, no sólo para ponerlo a tono con las nuevas modalidades y tipos de comercio que han surgido a lo largo de su vigencia, sino, sobre todo, para tratar de sumar al tren del desarrollo a regiones o a sectores que aún no han obtenido de él provecho alguno.

Sin embargo, es evidente que la posibilidad de que el presidente Donald Trump haga efectiva en cualquier momento su amenaza de sustituir el TLC con dos acuerdos bilaterales –o con ninguno, lo cual seguramente a él le da lo mismo–: uno con Canadá y otro con México.

Eso, por un lado, sería un duro golpe a la economía de los tres países, que de ese modo se verían obligados a atenerse a las reglas de la Organización Mundial del Comercio, que implican el establecimiento de aranceles mutuos, según convenga a cada nación, con lo cual los precios de los artículos importados se elevarían, y el volumen de su comercialización disminuiría, lo que casi inevitablemente se traduciría en reducción de la producción, despido de personal y, en casos extremos, cierre de plantas.

Pero una decisión así del presidente Trump también tendría su lado positivo: la primera es que la moneda mexicana enfrentaría una presión menos –y no cualquier presión–, lo cual abonaría a su estabilidad, tan maltrecha recientemente; la segunda es que el próximo gobierno federal mexicano sabría, aun antes de tomar posesión, a qué atenerse al respecto, certeza que no es poca cosa en estos tiempos de turbulencia política y económica.

Eso es por lo que respecta a nuestro país, pues, por lo que toca a Estados Unidos, es claro que su aislamiento es cada vez mayor, en sentido opuesto a su influencia sobre el resto del planeta. La potencia iba ya en declive a causa de los cambios en el mundo que le han restado fuerza y empuje. Pero su presidente actual, estacionado mentalmente en un nacionalismo que hace cuando menos medio siglo cumplió su función histórica y perdido en el error de suponer que a los líderes de las otras naciones puede darles el trato que a lo largo de su vida ha dado a sus empleados, ha acelerado y potenciado ese proceso. n