Upoeg, una amenaza vigente

Escrito por  Abr 23, 2018

La Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (Upoeg) emprenderá un proceso de reorganización “con la finalidad de evitar más ataques en los pueblos del Valle de El Ocotito, en el municipio de Chilpancingo”.

En conferencia de prensa, en la base de Buenavista de la Salud, municipio de Chilpancingo, hizo el anuncio y aseguró que la organización ha sido objeto de al menos ocho ataques a cargo del grupo Los Ardillos, con saldo de nueve personas muertas, víctimas colaterales algunas de ellas, y varios heridos.

Si bien hasta antes del 9 de junio de 2017 la Upoeg se movía en un terreno de dudosa legalidad, ese día se encargó de confirmarlo a plenitud al incurrir en un hecho que trascendió no sólo al país, sino al mundo: la matanza de nueve personas, incluidos tres niños, uno de ellos de cuatro meses de edad, en San Pedro Cacahuatepec, municipalidad de Acapulco.

Aunque en principio su líder, Bruno Plácido Valerio, se comprometió a entregar a los responsables del crimen; repentinamente dio un giro y decidió que no lo haría, y la autoridad los cobijó con el manto de la impunidad.

Aun cuando el gobierno estatal la ha declarado públicamente como ilegal, reconociendo que su objetivo está muy apartado de proteger a los habitantes donde se mueve y que en realidad busca otros fines, la Upoeg sigue operando con toda normalidad.

Con bombo y platillo, en conferencia de prensa, anuncia su reorganización.

Se dice víctima de grupos delincuenciales y enarbola la protección de los habitantes, cuando en realidad el Frente Unido para la Seguridad y el Desarrollo del Estado de Guerrero (Fusdeg) invariablemente la ha acusado de servir al narcotráfico.

Ha sido blanco de al menos ocho ataques, con saldo de nueve muertos, reiteran sus dirigentes y apuntan que de ello tiene conocimiento la Fiscalía General del Estado (FGE) y no ha dado resultados.

Sano sería que le exigieran cuentas al fiscal y, de paso, le preguntaran cómo van las investigaciones en torno a la matanza de Cacahuatepec, pues evidentemente ya no se acuerda; nada que extrañar, conocidos sus ataques de amnesia.

Así, ilegal, pero protegida por el gobierno, que se rasga las vestiduras por los sucesos desastrosos, pero cobija a los que los perpetran, entre la sospecha de servir al crimen organizado y el rechazo al reconocimiento oficial como Policía Comunitaria, la Upoeg se reorganiza para sostenerse en su feudo, de donde nadie la mueve, ni nadie intenta sacarla. n