Estrategia moderna

Escrito por  Abr 09, 2018

El gobierno se ha convertido en apagafuegos en el caso de la violencia; se ha establecido como una estrategia de actualidad el que, luego de ocurrido un ataque, decenas de policías y militares hacen acto de presencia en la escena, misma que en los días siguientes se convierte en el centro de rigurosa vigilancia de las fuerzas de seguridad, que se va diluyendo paulatinamente hasta volver al estado anterior.

En esta normatividad se circunscribe, desde luego, el asunto de los permisionarios de transporte urbano, una de cuyas unidades de la ruta Caleta-Base fue incendiada este día 4, a raíz de lo cual los transportistas llevaron a cabo la suspensión del servicio, mismo que se comprometieron a reanudar este domingo 8 luego de obtener el compromiso gubernamental de que policías estatales recorrerían el área y establecerían retenes en tramos de alto riesgo.

Si bien cuando se puso en servicio el sistema Acabús las autoridades advirtieron que los camiones de las rutas Caleta-Base y Renacimiento-Base tendrían que salir de circulación, porque las unidades de la nueva empresa darían el servicio, los permisionarios impusieron su poder y doblegaron al gobierno, de tal modo que siguieron y siguen explotando los recorridos; ahora, la autoridad los acoge en su seno protector y se compromete a ofrecerles seguridad, a pesar de que la introducción del Acabús incluía su salida.

Pero el punto, más bien, es que la labor de las fuerzas de seguridad se constriñe a tareas de prevención mediante patrullajes y echar montón al lugar en que acaba de haber algún hecho de sangre básicamente.

Si en alguna playa ocurre un asesinato, a partir de ese momento numerosos agentes armados resguardan el lugar; cuando sucede en otra zona, aplican el mismo tratamiento.

Recuérdese la balacera ocurrida hace algunas semanas en la colonia Jardín; otra en un restaurante de la Condesa en que un turista chileno murió, y así se actúa sin que en ningún momento haya detenidos

Es claro, pues, que el gobierno baila al son que le toca el crimen, aunque la percepción popular es más bien de que la autoridad permanece sentada, y cuando más, nada, pero nada de muertito. n