Sobrerreacción

Escrito por  Abr 08, 2018

Injustificada y desproporcionada ha sido la reacción de autoridades y algunos políticos ante la revelación que, sin que mediara presión alguna, ventiló el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, acerca de su entrevista con un jefe del narco para llegar a acuerdos que disminuyeran la violencia en la zona Centro del estado.

Más allá de toda consideración legal o incluso ideológica, lo cierto es que tal encuentro no tendría que haber ocurrido si hubiera presencia del Estado ahí donde ahora los señores de la droga son la autoridad real.

Así,  al reaccionar en la magnitud en que lo han hecho, las autoridades y algunos políticos dan más valor a los efectos que a las causas, más a la forma que al fondo del problema.

El hecho objetivo es que, a lo largo de muchos años, las autoridades han permitido la violación de las leyes, sobre todo si quien las viola es delincuente de altos vuelos. De hecho, los capos de las drogas no tendrían tan extenso control territorial si en su momento el gobierno les hubiera puesto el alto correspondiente.

Pero no ha sido así, de modo que el diagnóstico de “ausencia del Estado” para justificar la entrevista del prelado con un jefe criminal es apenas la justa valoración que se merece esta circunstancia.

Y si el Estado no cumple su tarea primigenia, que es cumplir y hacer cumplir la ley, todo lo que haga no pasará de ser simple simulación, que no ataca las causas del problema, como los aparatosos operativos policiaco-militares, que no terminan nunca de abatir la criminalidad.

La causa primera de este y de casi todos los problemas de México es la corrupción. Si los índices delictivos siguen altos es porque en realidad no se les combate, sino que sólo se les administra, por motivos que no se pueden asegurar, pero que se pueden adivinar.

La siguiente causa es la estrategia prohibicionista de las drogas, porque todo lo que se prohibe pasa a ser más deseado y, en consecuencia, genera un mercado subterráneo de oferta y demanda fuera del control oficial. Tan fallido es este proceder que el único efecto que ha logrado es la expansión de los territorios en disputa por los criminales.

Hace 20 años México sólo era territorio de paso de las drogas, y lo único que se disputaban los cárteles eran las rutas de trasiego; hoy todo rincón del territorio nacional está contaminado por ese cáncer, que hizo metástasis mientras el gobierno vivía la farsa de combatirlo con aspirinas.

Si hay mucho de ilusión al pensar que pactando con delincuentes se puede alcanzar la paz, también hay mucho de falaz al mantener una estrategia basada en una prohibición que ya demostró por todo el mundo que no funciona. n