Sabotaje

Escrito por  Feb 22, 2018

Si alguna dependencia del gobierno de Guerrero –además de Seguridad Pública– debe tomarse su obligación más a pecho que las demás y esmerarse en el cumplimiento de sus deberes, esa tendría que ser la Secretaría de Educación, porque el sector educativo ha estado históricamente ligado a la permanente convulsión social de la entidad.

De una escuela –es decir del sector educativo–, la normal de Ayotzinapa, surgieron los dos más famosos jefes de la guerrilla guerrerense: Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos, con la conciencia formada por la educación política –hay quienes la llaman ideologización– y por la agitación que se genera en ese plantel, y que a su vez es alimentada por las condiciones socioeconómicas del estado.

El mayor tropezón del actual gobierno de México en lo que respecta a su imagen ante el mundo es el caso de los 43 desaparecidos. Ellos eran alumnos también de la normal de Ayotzinapa que fueron a Iguala a apoderarse de autobuses para sus movilizaciones, y al parecer tomaron uno equivocado.

También en el sector educativo se inscribe la disidencia del sindicato magisterial, agrupada en la Ceteg y en menor parte en el Suspeg, reconocida por su arrojo, su irreductibilidad, su decisión y su combatividad.

Pero, como si no bastaran todos esos elementos generadores de movilización social, el sector educativo –o más específicamente la Secretaría de Educación– sigue dando motivos de inconformidad.

La dependencia que desde que comenzó la actual administración estatal está encabezada por José Luis González de la Vega Otero –conocedor de los vericuetos de la agitación magisterial y estudiantil, pues ya condujo la misma dependencia durante el gobierno de Zeferino Torreblanca–, ha cometido una y otra vez la misma falla, lo cual lleva a pensar que lo hace de manera deliberada: no atina a asignar profesores que suplan a tiempo a los que se van jubilando, a los que mueren, a los que renuncian.

Y no es porque no tenga personal para ello. Si no le bastaran los profesores que han aprobado los tan cacareados exámenes de ingreso al sistema, tendría a los comisionados, que en sí mismos constituyen un ejército de reserva, ya contratado y ya asignado a actividades frente a grupo, pero adscritos al sindicato, a la disidencia de éste o a las oficinas de la dependencia, por miles.

Ayer ocurrieron dos sucesos que sirven muy bien al propósito de describir esta absurda situación: por un lado padres de familia de escuelas de nivel básico de las regiones Costa Chica y La Montaña bloquearon la carretera a Pinotepa Nacional en Cruz Grande para exigir que la SEG les envíe maestros, de los cuales carecen en algunos casos hasta desde hace tres años.

Por su parte, en Chilpancingo, maestros idóneos –que aprobaron el examen de admisión al sistema con las notas más altas– denunciaron que han esperado durante meses la contratación de 50 de ellos, pues de 71 que eran sólo fueron contratados 21, y que la fecha en que se vence la vigencia de su idoneidad es en mayo.

Si para entonces no han sido contratados, tendrían que volver a presentar examen, ahora contra los que recién estén egresados en ese momento.

Es como si la SEG tuviera entre sus tareas mantener en constante zozobra a la entidad. n