Mucha estridencia, escasa acción

Escrito por  Feb 19, 2018

Suenan bien

las declaraciones de la diputada local María Luisa Vargas Mejía, respecto a que “no descansaré hasta lograr mejores condiciones de vida para las mujeres guerrerenses. Tenemos que acabar con el maltratado hacia la mujer. Ya basta; no queremos más violencia contra las mujeres”.

Es de aplaudirse que esté integrada a la lucha que organizaciones diversas llevan a cabo en defensa del sector femenil.

La posición que ocupa Vargas Mejía constituye una excelente plataforma para dar la batalla al maltrato.

La forma más efectiva en que puede desplegar sus esfuerzos es la presentación de iniciativas de ley que incluyan el castigo a los agresores de mujeres en los diferentes roles.

No obstante, en su exposición no mencionó una sola iniciativa que refuerce su indignación y su trabajo a favor de las mujeres.

Pero no se trata solamente de hacer llegar la iniciativa al Congreso y dejarla ahí, donde muchas de ellas se empolvan y mueren, sino de impulsarla para que la aborden en comisiones y no la envíen al archivero, y posteriormente pugnar por su presentación al pleno para su aprobación.

El trabajo no pararía ahí, porque, hecha ley, la diputada todavía puede canalizar su poder, autoridad e influencia para exigir a las autoridades correspondientes que se aplique, lo que, indudablemente, contribuiría a frenar que los varones sigan atacando mujeres sabiendo de antemano que, de hacerlo, tendrán problemas con la ley, porque la impunidad es un poderoso factor que motiva a la agresión.

Por otro lado, no se ha sabido que la indignada legisladora haya subido a tribuna para demandar que llame el Congreso a comparecer a los responsables de la Fiscalía General del Estado, para que expliquen la razón por la cual se trata de manera discriminatoria a las mujeres que se proponen denunciar a sus agresores y por qué no se da seguimiento a las denuncias levantadas.

La lucha contra el maltrato a las mujeres no sólo debe desarrollarse con declaraciones estridentes, sino con hechos concretos cada quien en su trinchera, y por lo que toca al Congreso local, las mujeres diputadas no se han distinguido precisamente por su combatividad, no obstante contar con la autoridad y el poder para llevar a cabo un trabajo trascendente que se refleje en la reducción de casos de mujeres agredidas, lo mismo en los hogares que en las calles, pasividad que redunda en beneplácito para el sector varonil que disfruta haciendo alarde de su machismo. n