Propuestas efectivas

Escrito por  Feb 10, 2018

Para efectos prácticos, las campañas electorales comenzaron desde el momento mismo en que, de acuerdo con la ley, empezaron las precampañas, ideadas como campañas de contiendas internas de los partidos.

Sin embargo, al menos en lo que toca a los aspirantes presidenciales, ese esquema ha mostrado hasta ahora su insuficiencia, porque cada cual en su coalición de partidos es precandidato único, circunstancia que elimina la razón de ser de las precampañas, pues no hay con quien contender en las internas.

De este modo, para el ciudadano de a pie, lo que los partidos y el sistema denominan “precampañas” son en realidad campañas electorales.

Pero, quizá al amparo de su condición de precandidatos en precampaña, los aspirantes presidenciales prefieren mantener en el baúl sus propuestas centrales, las valederas, las estratégicas. Así, a falta de propuestas de fondo y con raras excepciones, se han dedicado a bordar los linderos de la denostación y la crítica fácil.

En unos días, sin embargo, no tendrán más el pretexto de su precandidatura y de la precampaña; tendrán que salir al ruedo a plantear sus soluciones a los problemas más acuciantes del país. Entonces los ciudadanos podrán saber si tienen alguna idea para eludir el impacto que sobre la economía mexicana ya empezó a ejercer la rebaja de Donald Trump al impuesto corporativo en su país, que de un día para otro lo volvió mucho más atractivo para las inversiones extranjeras, lo cual ha empezado a quitar a los mexicanos fuentes de empleo programadas y hasta ya instaladas en territorio nacional; o si tienen alguna buena idea para resolver de fondo el problema de la violencia del crimen organizado, que no sea –¡por favor!– más policías y más militares en las calles.

Son sólo dos ejemplos de temas que los hasta ayer precandidatos han eludido y sustituido por las consabidas acusaciones y alusiones personales, que ya han colmado la paciencia de los electores mexicanos, que cada día miran con más indiferencia los procesos político-electorales de los que surgen sus gobernantes.

Mientras eso ocurre en el ámbito nacional, en Guerrero el gobernador Héctor Astudillo ayer redondeó una idea que comenzó a plantear al poco tiempo de tomar posesión del cargo. En la presentación de Acciones Inmediatas del Grupo por la Paz, en Acapulco, dijo que el niño o la niña, incluso el bebé, “conforme va desarrollando su capacidad, imita lo que ve de los mayores; si el niño ve que lo abrazan, el niño va a abrazar; si el niño ve que le gritan, pues el niño va a gritar”. Entonces agregó: “hagamos cosas buenas y que hagan los niños, porque si bien es cierto que la escuela enseña, el ejemplo arrastra. No nos cansemos nunca de darles buenos ejemplos a los niños y a las niñas, especialmente a los de nuestras familias, pero también transmitamos el mensaje de darles afecto, de darles cariño y de darles buenos ejemplos”.

En otras palabras, se trata de moldear la personalidad de los niños de modo tal que cuando sean adultos sean ciudadanos respetuosos de las leyes y de los demás, motivados por valores como solidaridad, comprensión y respeto.

La primera parte de su propuesta, la que planteó poco después de tomar posesión del cargo, fue despenalizar el proceso de producción, comercialización, procesamiento y consumo de la amapola.

Mientras las autoridades más altas del país sigan cerrando los ojos a lo evidente: que la prohibición prohija un mercado negro de altísima rentabilidad, continuará esta violencia que parece no tener fin.

Ahí están dos buenas propuestas de solución al gran problema de México; una es para el corto plazo; la otra es para muy largo plazo. n