Entre la lógica y el absurdo

Escrito por  Feb 09, 2018

Pasan los días y la polémica sobre el asesinato de los sacerdotes Iván Añorve Jaimes y Germaín Muñiz García no pierden terreno, como cada vez que ocurre en casos como éste en los que, con sus prisas y su afán de querer aparecer como un funcionario eficaz, el titular de la Fiscalía del Estado de Guerrero, Xavier Olea Peláez, arma de inmediato la controversia entre su dependencia y los familiares y amigos de las víctimas.

De entre las explicaciones que como resultados de sus pesquisas manejó el fiscal, se aprecian algunos puntos que, cuando menos, tienen lógica, mas se observan otros que patinan en el absurdo, como aquel de que al baile al que asistieron los sacerdotes en Juliantla, “acudieron muchas personas pertenecientes a diversos grupos delictivos, tanto del estado de Guerrero, como de los estados de Morelos y Estado de México”.

Resulta difícil concebir que en una fiesta miembros de varios grupos delictivos coincidan, como si fueran grandes camaradas, cuando bien conocida es la rivalidad entre unos y otros. Otro más: sostiene el fiscal que en el baile “no hubo seguridad municipal, estatal o federal, puesto que el apoyo de seguridad preventiva para la celebración de dicho baile no fue solicitada a ninguna autoridad por los organizadores”.

No es lógico ni concebible que para un baile público, sobre todo en una zona de alta peligrosidad asfixiada por la violencia del crimen organizado, la autoridad esté esperando la solicitud de resguardo para hacer acto de presencia. La falta de vigilancia, precisa el fiscal, facilitó que los delincuentes  acudieran portando armas de fuego y consumieran bebidas embriagantes y probablemente drogas.

Las declaraciones del fiscal mueven pues, a la risa, si no es que a la indignación, y pensando mal, llevan a la conclusión de que el gobierno se hizo a un lado para que los empistolados disfrutaran a plenitud de la celebración del pueblo.

No es del todo aceptable que los religiosos superiores de Germaín Muñiz García asuman a ultranza su defensa, dando por hecho que nada tenía que ver con el crimen organizado, porque no es posible que conozcan por completo todas las actividades de su subordinado, pero tampoco se vale que con historias ingenuas que incluso desbordan en la fantasía, la Fiscalía insinúe que sí estaba involucrado.

Por lo tanto, preciso es que, como reclaman Salvador Rangel Mendoza y Benito Cuenca Mayo, titular y vocero de la Diócesis Chilpancingo-Chilapa, respectivamente, la Fiscalía haga su trabajo en forma consciente y responsable para esclarecer de acuerdo con la realidad el doble asesinato, no vaya a ser que como ya ha ocurrido en otros hechos similares, Olea Peláez tenga que retractarse de lo que declaró inicialmente, porque, aun haciéndolo, de la difamación algo queda. n