Suicidio colectivo

Escrito por  Feb 05, 2018

La declaración del secretario de Salud, Carlos de la Peña Pintos, de que en Guerrero no hay el suficiente número de oncólogos para atender a los enfermos de cáncer, mueve inevitablemente a otra reflexión.

El gobierno recurre sistemáticamente a la fórmula de tener más médicos especialistas y de construir cada día más hospitales para satisfacer las necesidades de ese tipo de pacientes, y soslaya, por otro lado, las tareas de prevención y educación que, con el tiempo, forzosamente derribaría los altos índices de enfermos, que cada día se disparan de manera alarmante y saturan los servicios médicos en clínicas y hospitales del sector salud.

Es preciso, sí, atender la actual demanda, ni duda cabe. Pero también es necesario encender al mismo tiempo los focos rojos para frenar el surgimiento de casos a la velocidad actual, porque, de no hacerlo, dentro de algunos la demanda descarrilará la oferta actual de atención.

Habría que emprender una campaña intensa entre la población respecto a las causas generadoras del cáncer y la manera de prevenir el mal. En esta cruzada de ninguna manera deberían dejar al margen a todos aquellos generadores de factores cancerígenos, como los relacionados con la industria e incluso con la agricultura.

Verdad es que por desidia o falta de información y ausencia de convicción, la gente consume indiscriminadamente sustancias cancerígenas en su alimentación diaria. Pero, por otro lado, la irresponsabilidad gubernamental se pone de manifiesto al autorizar la elaboración de productos causantes de cáncer, como las frituras y embutidos, sean papas en sus diversas presentaciones, salchichas y jamón, sin dejar de mencionar frutas y verduras regadas con aguas grises y tratadas con químicos, así como las carnes que, como la de res, proviene de animales estimulados con clembuterol, y la de pollos, para cuyo crecimiento los productores utilizan químicos que a los cuatro meses los dejan listos para introducirlos al mercado.

La contaminación de ríos, arroyos, aire, mares y medio ambiente, mucho tiene que ver en la propalación de esta enfermedad, que el gobierno no corrige e incluso hasta permite y propicia por intereses del grupo gobernante y su red de impunidad y complicidades.

Pareciera, pues, que el hecho de que la población sea pasiva y carente de interés resulta hasta conveniente para las autoridades, pues mientras más enfermos haya más necesidad habrá de construir hospitales, con el consiguiente manejo de recursos y el provecho que de ello se deriva al no llegar todos al destino previsto.

Erradicar la contaminación, prohibir la fabricación de productos cancerígenos o causantes de otros males, como la diabetes, así como sembrar entre la gente la semilla de la responsabilidad de cuidarse y quererse, para abatir las estadísticas de enfermos y enfermedades, implicaría una labor titánica que ningún gobierno está dispuesto a emprender, porque además mantener todo en las condiciones actuales le resulta más provechoso en todo sentido.

Por consiguiente, si la población no se cuida por sí sola, seguirá sufriendo las consecuencias, porque no deberá manejar la idea o la esperanza de que el gobierno lo hará, porque su negocio estriba no en curar enfermos, sino en construir hospitales, comprar equipo médico de tecnología de punta, contratar personal y recibir impuestos derivados de la fabricación de sustancias nocivas para la salud. n