Cárcel o tumba

Escrito por  Ene 14, 2018

México se desayunó ayer con la noticia –eclipsada de inmediato por el barullo prelectoral– de que en Colima han sido encarceladas cinco mujeres por haber abortado el año pasado.

La izquierda organizada en partidos –una de cuyas banderas principales es el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo–no parece estar en las mejores condiciones para dar la lucha en estos cinco casos.

El PRD está ahora aliado con el PAN, partido de derecha que, a pesar de su moderación, mantiene en alto la bandera de su oposición a este derecho; la otra izquierda, representada por Morena, está asociada con un partido que está incluso más a la derecha del blanquiazul y que, por supuesto, se opone de manera aun más terminante.

A lo largo de muchos años, la izquierda ha aportado argumentación sólida a favor de permitir interrumpir el embarazo antes de las 12 semanas, pues antes de ese plazo el nuevo ser que se forma en el seno materno carece de sistema nervioso y no es, por tanto, capaz de sentir dolor. Tampoco es capaz de pensar porque para ello es necesario usar palabras, y estas las aprende el individuo después de los 2 años de edad.

Y ha dado otro argumento de peso: el aborto no desaparecerá con la prohibición; sólo se encarecerá, como todo lo prohibido. Que esta afirmación es certera lo demuestra la misma información con que abre este análisis, pues de seguro las procesadas en Colima sabían que esa práctica está tipificada como delito en las leyes de ese estado. Y a pesar de eso lo hicieron.

Así ha sido siempre en la historia de la humanidad. Siempre ha habido quienes deciden ponerse al margen de la ley y con ello poner en riesgo no sólo su libertad y su patrimonio, sino incluso su vida.

Pero la izquierda ha advertido: quienes más arriesgan con esta práctica son las mujeres pobres, aquellas para quienes el costo de la intervención resulta impagable, y que por ello tienen que ponerse en manos de médicos o, peor, seudomédicos, inescrupulosos y en condiciones deplorables y peligrosas.

La despenalización no busca alentar esta práctica, pues ninguna mujer normal ha de querer verse obligada a abortar, sino que, al quitarle el manto de culpabilidad al asunto, éste emerja por completo a la vista, y las autoridades puedan conocerlo con exactitud.

Entonces, y sólo entonces, podrá ponérsele un remedio que no ofenda a las buenas conciencias.

Mientras ello no ocurra, mientras en muchas partes del país abortar siga siendo un delito, seguirá cometiéndose en la penumbra y en condiciones de alto riesgo para las mujeres que no tengan dinero, y éstas seguirán yendo a dar a la cárcel, o a la tumba. ne