Derriban padres a Aguirre

Escrito por  Ene 09, 2018

Finalmente, el ex gobernador Ángel Aguirre Rivero tuvo que renunciar a sus aspiraciones de ser candidato a diputado federal por el distrito 08 de Costa Chica, aplastado por la oposición que constituyen las protestas de los padres de los 43 normalistas desaparecidos.

El ometepequense procuró cubrir los requisitos que le pidió el Instituto Nacional Electoral (INE) para dar entrada a su registro: cuidó recabar la documentación en que la Fiscalía General del Estado acredita que no tiene antecedentes penales; en la que la Contraloría del Estado lo exime de cualquier responsabilidad en el uso de manejo de recursos públicos y la constancia en igual sentido expedida por la Auditoría Superior de la Federación, pero el hombre no se ocupó de tomar en cuenta la inconformidad de los familiares de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos.

Se liberó del impedimento político que lo tenía arrinconado e inmóvil, pero no del dolor, el sufrimiento y el clamor de justicia de los padres de los muchachos, que deambulan por todos lados demandando atención.

Aguirre Rivero es un político experto; habría pecado de ingenuidad si no hubiera pensado en que tendría problemas con los familiares; más bien, los minimizó, los ignoró, los desdeñó, al creer que sorteando los obstáculos jurídicos ya estaría a salvo, para despertar con la pesadilla que vivió al arrancar su precampaña en Ayutla, donde los inconformes le impidieron la realización del acto.

Tal vez diferentes habrían sido los resultados obtenidos si, alejándose de la soberbia, antes de empezar su precampaña entre sus probables electores, se hubiera acercado a los padres para dialogar, plantearles los elementos que no lo convierten en partícipe de la tragedia de Iguala, pero además para hacer compromisos con ellos que ayuden a descubrir la realidad de lo ocurrido y, sobre todo, que se haga justicia.

Nada garantiza que habría llegado a algún arreglo con los inconformes, porque lo que ellos quieren es verlo en la cárcel al considerarlo cómplice de lo ocurrido, pues, han dicho, sabiendo todo lo que había de pasar con los muchachos aquella noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, nada hizo para impedirlo; no obstante, distintos habrían sido los resultados a los obtenidos en la apertura de precampaña, donde se armó un zafarrancho.

Tarde intentó el político platicar con los familiares, quienes, de manera tajante, se negaron a escucharlo, reiterando su determinación de no dejarlo seguir su trabajo de proselitismo.

Por tanto, parece inevitable que Aguirre Rivero, tras sus cinco minutos de gloria, retorne al ostracismo donde lo sepultó la tragedia de Iguala, toda vez que, tan sólo por cuestiones de imagen, a ningún partido le conviene convertirlo en su candidato.