Realidad y percepción

Escrito por  Ene 07, 2018

Los elementos básicos deben ser considerados cuando se trata de hacer la caracterización de un fenómeno social: el problema real, según las mediciones, y la percepción pública del problema. El primero se basa en estricto sentido en números, reportes, registros, estadísticas. El segundo es subjetivo por cuanto parte de visiones personales.

En el caso del ex gobernador Ángel Aguirre Rivero, lo objetivo es que no tiene impedimento legal alguno para volver a contender por un puesto de elección popular: no hay auditoría que sugiera que tiene cuentas pendientes, no hay denuncia ministerial en curso contra él y no arrastra antecedentes penales.

Pero su partido, el PRD, y los otros que constituyen la alianza electoral Por México al Frente –el PAN y Movimiento Ciudadano– seguramente tendrán en cuenta la percepción de la gente. Porque si para uno o para otros su postulación implicará deterioro de imagen y pérdida de competitividad electoral, seguramente se lo pensarán más de una vez antes de entregarle sus banderas.

Lo dijo hace dos días con meridiana claridad la secretaria de Derechos Humanos del Comité Ejecutivo Estatal del PRD en Guerrero, Yenedith Barrientos Santiago: el ex gobernador es precandidato del sol azteca, no de la coalición electoral; y no todos, ni en su partido ni entre sus aliados, están de acuerdo en que sea candidato.

Es una cuestión de percepción: quienes no están de acuerdo en que lo sea asumen que el público percibe al ex mandatario de modo negativo, por lo que, al postularlo, esa percepción negativa se extendería en automático a su partido y a los otros del Frente.

En los tiempos que corren, la decisión de negarle la candidatura no puede ser exclusiva de las dirigencias partidistas, pues el aspirante afectado puede recurrir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para hacer valer sus derechos políticos.

Sin embargo, más allá de ello, sería ilustrativo conocer las motivaciones de Aguirre Rivero para lanzarse en pos de una candidatura. No es precisamente un novato en lides políticas. Está por cumplir 62 años de edad, y tenía 40 la primera vez que empezó a gobernar Guerrero, pero para entonces ya había sido diputado local.

¿Será, acaso, que busca reivindicación política? n