¿Qué traerá 2018?

Escrito por  Ene 02, 2018

Buen principio de año tiene el gobierno estatal al fijarse entre sus objetivos para 2018 aplicar una “estricta política de austeridad”, que ayude a disminuir la dependencia de los recursos federales, así como ampliar la base de contribuyentes.

Es bueno porque cada vez que la Federación reduce las participaciones, el estado y los municipios se ponen a temblar por los efectos que la medida desencadenará; por otro lado, justo es que todos los causantes de impuestos paguen lo correspondiente en vez de que la autoridad castigue siempre a los contribuyentes cautivos.

Mas no solamente el uso de recursos públicos amerita atención;  numerosos son los rubros en los que el gobierno deberá ser especialmente cuidadoso.

Está ahí el turismo, renglón del que básicamente depende la economía de la entidad y que se mantiene descuidado. Ni se pone la atención requerida a la infraestructura turística, ni se promueve a los polos turísticos de la entidad.

Por decir algo, el requisito planteado por las navieras, en el sentido de diversificar los atractivos para que los cruceros toquen Acapulco, constituye punto muerto: el puerto no deja de ofrecer sol, arena y mar. No hay nada más.

La noche del 31 Acapulco estuvo a reventar. A las 12 de la noche las playas estaban repletas de turistas y residentes esperando la pirotecnia en la bahía. Algunos tramos de la Costera se paralizaron por momentos por la numerosa cantidad de automotores.

La ocupación llegó, según cifras oficiales, a 98.4 por ciento, pero la afluencia por ningún motivo se puede atribuir a la promoción, porque los que vienen son visitantes particularmente de los estados vecinos, que siguen siendo leales al puerto.

Es éste el momento para que los gobiernos federal, estatal y municipal informen sobre los planes de promoción que tienen para 2018, mencionando giras, recorridos, presupuestos y resultados previstos.

Es momento, además, para que den cuenta del dinero que se gastaron en 2017 y concretamente en qué, y que aporten resultados. La simulación, la alharaca para aparentar buen trabajo, debe quedar atrás. Nadie cree en tanto ruido.

Algo más: la seguridad no debe escapar a los propósitos fundamentales para 2018. Han fracasado los cambios de estrategia. Ni siquiera se mencionan ya, porque sus anuncios dejaron de despertar interés, dejaron de ser creíbles y de infundir ánimo a la población.

Si, como ha sostenido el mismo gobierno, la Ley de Seguridad Interior no resolverá el problema de la violencia y la inseguridad, bueno será que digan a sus gobernados cómo y cuándo se acabará porque son ya muchos los años de estar corriendo la sangre, de que los habitantes vivan presa del terror y de que los planes gubernamentales para abatirlo fracasen.

Éste debe ser un año de resultados, porque los anuncios, los cambios, los intentos, el palabrerío, la retórica, el discurso que cada día busca la justificación, las frases elegantes y bonitas para maquillar la realidad, ya ocuparon su tiempo y su espacio y, peor aun, ya hartaron a la población. n