Las objeciones de Aguirre

Escrito por  Dic 24, 2017

Angel Aguirre Rivero conoce bien su fuerza y sus alcances; no en balde fue gobernador dos veces, si bien la segunda no concluyó el periodo para el cual fue elegido. Conoce muy bien al estado, pues, además de encarnar al Poder Ejecutivo local en ambas ocasiones, ha desempeñado otros cargos públicos que le han permitido recorrer la entidad, trabar y cultivar amistades aquí y allá, y cosechar simpatías por todos los rumbos del territorio estatal, sobre todo en la Costa Chica, la región de la que es originario, simpatías que en jornadas electorales se han convertido en votos.

Y sabe cómo hacerlo: con bonachonería, con trato afable y gentil, como el experto hombre de política que es.

Ángel Aguirre es un valioso activo del PRD –como en su momento lo fue Andrés Manuel López Obrador, pero ese tema es de un análisis separado–, por su extraordinario potencial generador de votos. Y ambos, el partido y él, lo saben. Y aunque se necesitan mutuamente, quien necesita más del otro es el PRD, pues el ex mandatario puede, eventualmente, aceptar ofertas de otras fuerzas políticas, incluso de su antiguo partido, el PRI. Es decir que es más fácil para Aguirre Rivero ser candidato de otro partido, que para el sol azteca conseguir otro abanderado como él.

Cuando, en los albores del proceso electoral 2010-2011, Aguirre –que se sentía agraviado por la decisión del PRI, de postular a Manuel Añorve Baños a la gubernatura– decidió acercarse al PRD para ser su candidato, el tricolor supo que perdería la elección.

Y así fue: Aguirre obtuvo 56 por ciento de los votos, unos 700 mil; la más alta votación jamás lograda por un candidato a gobernador en la entidad. Llegó al poder con toda la legitimidad necesaria para llevar a cabo el programa de gobierno de su partido, un programa de izquierda, si bien con ribetes de populismo.

Pero también cometió el grave error de permitir que al gobierno ingresaran sus familiares, de no ejercer el liderazgo que le dieron las urnas, de permitir que amigos y parientes –con la confianza de su cercanía con él– tomaran decisiones y emprendieran acciones. De desentenderse, pues, de sus obligaciones de gobernante.

Quizá fue que se confió demasiado a partir de esa votación copiosa a su favor.

Ahora ha hecho una declaración sorprendente: podría renunciar a su deseo de ser candidato de la alianza Por México al Frente si el precandidato presidencial Ricardo Anaya no lo convence de su congruencia, de su honestidad, de su sinceridad.

Su postura no dista mucho de la que han manifestado otras personalidades del PRD –el rechazo a un candidato que ha surgido de la derecha–, si bien la plantea en términos más pragmáticos.

¿Será que Aguirre, ahora sí, quiere actuar con responsabilidad?