Encrucijada

Escrito por  Dic 21, 2017

El recorte impositivo en Estados Unidos promovido por el presidente Donald Trump, que rebaja hasta en 14 puntos porcentuales el Impuesto Sobre la Renta a las empresas –medida de corte neoliberal, proteccionista y populista– puede poner en serios aprietos la economía de México y las finanzas de su gobierno.

La medida, diseñada para hacer más ricos a los ricos a costa de los más pobres, busca proteger la planta productiva estadunidense y sus puestos de trabajo ante la competencia externa, para cumplir una promesa de campaña irreflexiva, a más de inviable.

Pero, con independencia de lo que suceda con la popularidad de Trump y de su partido –para los que desde ya se prevén derrotas electorales– a consecuencia de esta reforma, lo cierto es que los efectos que la reducción de impuestos corporativos pueda tener en la decisión que puedan tomar empresas extranjeras para hacer sus inversiones moverán al gobierno de México a tomar medidas.

Lo más probable, sin embargo, es que el gobierno mexicano no mueva un solo músculo sino hasta que, a principios del próximo año, se defina la suerte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Porque si éste finaliza, es de esperar que México mantenga bajos los salarios como una ventaja competitiva para ofrecer a las empresas interesadas en instalarse en territorio nacional –como compensación por su ISR, más alto que el de su vecino–, y que no podrán negar que el bajo costo de la mano de obra, combinado con la calidad de ésta, les permite competir en los mercados internacionales.

Pero el fin del tratado implicaría una fuerte caída en sus exportaciones y una gran pérdida de fuentes de empleo.

Si el Tratado continúa, el salario mínimo deberá seguir aumentando, al menos en teoría, habida cuenta que es una demanda de los dos socios comerciales del país, sobre todo de Estados Unidos. Pero entonces habrá que lidiar con la competencia fiscal del país vecino.

Así las cosas, para compensar la bajada impositiva estadunidense, México seguramente optará por regularizar, como lo ha venido haciendo, a su población económicamente activa que se desarrolla ahora en el sector informal. Por eso, con seguridad, en la televisión seguirá habiendo anuncios que muestran lo maravillosamente felices que son los contribuyentes cuando reciben su devolución de impuestos.

Pero no es muy probable que rebaje el ISR. El gobierno mexicano no puede darse el lujo de renunciar a 14 puntos porcentuales del impuesto que recauda, pues eso le haría un boquete a sus finanzas públicas que más tarde o más temprano tendrían que pagar los contribuyentes, una de cuyas venganzas favoritas es el voto de castigo. Además, tal medida iría a contrapelo de la disciplina fiscal para unas finanzas públicas sanas que ha seguido el gobierno a pie juntillas desde hace dos decenios con cuestionada eficacia.

Tampoco es muy probable que aplique IVA a alimentos y medicinas, porque esto sería un arma en manos de la oposición política justo en un año electoral. n