La renuncia de Xavier Olea Peláez a la Fiscalía General del Estado (FGE) no debe ser motivo de jolgorio ni debe verse en su salida la seguridad de que el funcionamiento de la dependencia mejorará sustancialmente.

Olea Peláez era el titular, no la Fiscalía.

Si bien es cierto que el ex funcionario incurrió frecuentemente en situaciones que pusieron en entredicho su profesionalismo, que a veces rodó por los suelos hecho añicos, y, en general, no produjo los resultados esperados por los guerrerenses, no menos cierto es que la dependencia opera con carencias que no le permiten avanzar de acuerdo con los requerimientos actuales.

El ex fiscal hizo ver en numerosas ocasiones, incluso al comparecer ante el Congreso del Estado, las fallas que encontró en la Fiscalía, empezando por policías impreparados; prácticamente pronosticó el fracaso del nuevo sistema acusatorio penal, amén de exponer otras fallas.

La respuesta que recibió fue una andanada de críticas por quejumbroso. Optó por replegarse y a sobrellevar la situación.

Si era Olea Peláez el inoperante, saldrá a flote la respuesta con el sucesor, quien, ese caso, reportará resultados, pero si era la gente la que le fallaba, también la gente le fallará al sucesor, igual se pondrá en evidencia la probreza en equipo tecnológico, métodos de investigación y otras carencias de las que se quejó el fiscal saliente.

Cuando lo citó el Congreso, algunos diputados fueron severos con él, los hubo también quienes lo apoyaron, pero ni unos ni otros lo respaldaron para gestionarle mayores recursos que lo condujera por un mejor desempeño.

No es momento, pues, para echar las campanas a vuelo ni para hacer leña del árbol caído; es la oportunidad, sí, para designar al profesionista adecuado, así como para analizar la situación de la Fiscalía y procurar la manera de otorgarle lo que le falte, toda vez que la autonomía en sí no es suficiente, pues por un lado le concede libertades pero por otro la limita.

Si se quieren resultados debe dotarse lo necesario, lo mismo en recursos económicos y tecnológicos que en el aspecto humano y el científico, de otra manera, así el fiscal sea el hombre más preparado, capaz y experimentado, no podrá con la tarea.

Olea Peláez se va en medio de la desaprobación generalizada; su paso por la FGE, haya sido regular, malo o pésimo, debe ser una experiencia que no se debe repetir, pues la ausencia de justicia, a la par con la inseguridad y la violencia, es uno de los más grandes quebrantos que golpean Guerrero. n

No fue Carlos Marx el primero en escribir que los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen como si lo hicieran dos veces en el devenir del tiempo –eso queda claro en su obra El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, en que la atribuye tal afirmación a Hegel–, pero sí fue el primero en precisar que primero lo hacen como tragedia, y luego, como comedia.

Basta sólo echar un vistazo a los acontecimientos nacionales o mundiales para confirmar que, en efecto, así es.

Sin ir demasiado lejos, la Nicaragua de estos días es ejemplo de ello: en 1979, con un formidable apoyo internacional –incluidos los de fuerzas progresistas mexicanas y del gobierno de José López Portillo–, el Ejército Sandinista de Liberación Nacional derrocó a la sangrienta dictadura de Anastasio Somoza Debayle, que con todo descaro estaba al servicio del más obtuso conservadurismo de Estados Unidos.

La victoria de esa fuerza beligerante de izquiera infundió renovados ánimos a las luchas de los pueblos del mundo porque demostró cuán posible era liberarse del yugo opresor de una tiranía anacrónica y enferma. Pero transcurridos menos de 40 años de esa gesta libertadora, la situación ha mudado de manera radical: Daniel Ortega Saavedra, el máximo dirigente del FSLN, el estratega que marcó la ruta hacia la victoria sobre el somocismo, es visto por los jóvenes, que no vivieron la revolución –y por muchos adultos maduros que sí la vivieron– como un dictador de características similares a las de Somoza: tan corrupto como él y tan al servicio de la oligarquía como él.

Para el gobierno, la gota que derramó el vaso de la violencia fue el reciente asesinato de los seis policías estatales en Zihuatanejo.

Para los feligreses, la gota que derramó el vaso no fue el asesinato de los seis policías, sino la muerte de los dos sacerdotes el 5 de febrero, replicó el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza.

Consideró que para las tantas madres y padres a quienes les asesinaron a sus hijos, a sus esposos o a otro familiar, eso ocurrió el día que sufrieron la pérdida; para los cientos de familias desplazadas de la sierra, el día de la expulsión de sus comunidades.

Aparte, habrá que agregar que para otros guerrerenses, la gota que derramó el vaso fue la fecha en que desaparecieron a sus seres queridos.

Para los padres y demás familiares de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, el derramamiento del vaso fue el 26 y el 27 de septiembre de 2014 y prosigue derramándose cada día que el gobierno se resiste a hacer justicia.

Rangel Mendoza fue contundente, incisivo: “Cuando la lumbre nos llega a los aparejos es cuando respingamos; asesinaron a esos policías y están respingando”.

Nada convincentes

May 25, 2018

Para quienes manejan la idea de que el mejor modo de combatir la inseguridad es mediante la creación de empleos y educación, habría que pedirles que explicaran a detalle en qué consiste su propuesta, porque, así, a simple vista, podrían generar más dudas que certezas.

La educación es, sin lugar a dudas, buena idea, pero los resultados son concebibles más bien a largo plazo; se trataría de que, si reciben una educación de calidad, a los niños de ahora, cuando sean adolescentes o jóvenes, no les sería atractivo optar por enrolarse en el crimen, pero para eso tendrían que pasar varias generaciones.

Mientras tanto, hay que buscar ahora salida a la inseguridad, pues no puede pensarse en invitar a los delincuentes a dejar las armas para que ingresen a la escuela a educarse.

Tampoco es pensable aprehenderlos y, ya presos, obligarlos a que estudien y hagan carrera.

La planta de hormigón se define como aquella instalación que se utiliza para la fabricación del hormigón. Este se lleva a cabo fundamentalmente con arenas, gravillas, cemento y agua, aunque puede incluir otros elementos, dependiendo del tipo de hormigón a emplear, como pueden ser el filler, las fibras de refuerzo o los aditivos.

Todos los elementos anteriores estarán precisamente almacenados en las plantas de hormigón. Un espacio que, por lo general, será totalmente versátil para poder brindar una solución diferente a las necesidades de cada uno, ya que no todo el mundo requerirá del mismo tipo de hormigón.

 

Tipos de hormigón según la densidad de sus elementos

En líneas generales, para obtener hormigón lo que se suele hacer es mezclar un aglomerante (cemento es el más habitual) al que se añaden partículas o fragmentos de un agregado, aditivos específicos y agua. Dependiendo de la cantidad de estos elementos se obtendrá un tipo de hormigón u otro.

Esto quiere decir que el hormigón que fabrican las plantas no es una sustancia única. En este sentido, habría que distinguir entre tres tipos de hormigones fundamentales dependiendo de la densidad de sus elementos:

Hormigón pesado: tiene una gran densidad gracias al empleo de agregados densos y es ideal para utilizar en estructuras al aire libre

Hormigón normal: material que se emplea en estructuras y que posee una densidad media de algo más de 2.000 kilos por metro cúbico

Hormigón ligero: cuenta con densidades que se sitúan en torno a los 1.800 kilos por metro cúbico

 

La llegada de las nuevas tecnologías a las plantas de hormigón

Para que el hormigón sea de la máxima calidad, las plantas deberán mezclar todos los componentes de la manera más adecuada. Las nuevas tecnologías se han introducido también en estos espacios gracias a la introducción de programas informáticos de gran precisión.

Son estos mismos programas y sistemas los encargados de supervisar y organizar la óptima mezcla de los elementos que darán como resultado un hormigón de calidad. Las proporciones de los elementos deben ser muy precisas y la dosificación la más correcta y adecuada.

Estos programas informáticos atenderán a diversos factores para la correcta mezcla de los elementos, tales como la resistencia mecánica, los factores asociados a la propia fabricación, la puesta en obra del hormigón que se prepara o el tipo de ambiente al que estará sometido.

Todos estos factores son muy importantes en cualquier planta de hormigón. Precisamente, de ellos dependerá la elección de los componentes que den como resultado el hormigón final. Cualquier pequeño error en la cantidad y la dosificación de los componentes puede dar lugar a un tipo de hormigón diferente que no será el más adecuado.

 

Diferencias entre hormigón y concreto

Llegados a este punto hay que señalar precisamente que la diferencia entre hormigón y concreto se relaciona con las proporciones y los modos de empleo. En realidad, los elementos que componen ambos son los mismos, sin embargo durante el proceso en las plantas de concreto las técnicas empleadas pueden ser algo diferentes.

Otro dato a tener muy en cuenta en las diferencias entre hormigón y concreto es la utilización de aditivos. El uso en una proporción menor del 1% del total de la masa puede acelerar, retardar o colorear el fraguado. Al hormigón y al concreto se le pueden añadir elementos como fibras, fluidificantes, impermeabilizantes, plastificantes, hidrófugos, etc.

Hay que destacar también la figura del concreto armado u hormigón armado. Un compuesto que se deriva de la inclusión de armaduras de acero (barras o mallas) al que también se le pueden incorporar algunos tipos de fibras plásticas.

Un material este último que, en la actualidad, resulta muy popular y que se le da forma haciendo uso de encofrados dentro de la arquitectura e ingeniería para hacer puentes, túneles, edificios, puertos, diques, etc.

Otro de los elementos más utilizados hoy es el concreto premezclado. Este tipo de hormigón ofrece muchas ventajas sobre el concreto que se elabora de forma manual. Posee una mezcla homogénea y se manipula para obtener mayores resistencias, fluidez y retardo en el fraguado.

Y es que hay que tener en cuenta que en la actualidad el hormigón es uno de los materiales más importantes dentro de una obra. Las partidas de este material al cabo del día suelen ser muy numerosas, de ahí que las plantas de hormigón necesiten estar estratégicamente bien situadas para el suministro rápido, cómodo y eficiente de este material.

La realización de los elementos en una planta de hormigón permite un mayor control de los materiales. Esto supondrá, en primer lugar, una mayor calidad del material, ya que este se fabrica en las mejores situaciones. La construcción tradicional, por ejemplo, se puede ver afectada por las condiciones climáticas, algo que no sucede en una planta de este tipo.

 

 

 

 

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