Dolor y júbilo

Feb 24, 2018

Tras el paso del huracán Max, viene el recuento de los daños; llega el momento de deplorar lo que pasó y llega también la hora de alegrarse por lo que no pasó.

En el balance gubernamental se habla de la pérdida de 30 mil hectáreas de cultivos en Costa Chica, lo mismo que de daños en más de 3 mil viviendas y la incomunicación de pueblos. Lamentable todo, como lamentable resulta la pérdida de una vida humana, ocurrida al arrastrar la corriente a una persona en San Marcos.

Batir palmas porque solamente una vida sucumbió sería caer en el mismo error en que cae la autoridad cuando festeja la supuesta reducción de asesinatos dolosos perpetrados por el crimen organizado, pues mientras haya una vida segada de por medio, debe ser, por elemental sentido humano, una razón de dolor y un motivo para demostrar compasión, que no lástima.

En San Marcos y municipios colindantes, cientos de personas perdieron su casa, sus cultivos, su patrimonio, pero la familia resultó ilesa; todos los integrantes, a salvo; mientras en Oaxaca y Chiapas, el número de pérdidas humanas llegó prácticamente al centenar a consecuencia del temblor de 8.2 grados.

El más reciente desastre de los muchos que han acaecido en Guerrero, causado por el efímero huracán Max, confirma una vez más que los más perjudicados por las inclemencias de la naturaleza son, como siempre, los que menos tienen.

No en todas las latitudes es así: cuando en un vecindario los pobres son menos que los ricos, la balanza se equilibra y puede que hasta se invierta. Podría ser el caso de las zonas afectadas del estado de Florida, en Estados Unidos, por el huracán Irma.

En el caso de Guerrero, basta ver las fotografías tomadas por los reporteros de éste o de cualquier diario, o las imágenes tomadas por la televisión, para darse cuenta inmediata de que los afectados, casi en su totalidad –si no es que en su totalidad–, son personas de escasos recursos.

Los efectos de las lluvias son, pues, buen indicador de la extensión de la pobreza.

Por supuesto, la discusión generada por esta perspectiva de las cosas no debe llevar a un segundo plano los efectos del calentamiento global, propiciado por la actividad humana, pues este fenómeno golpea a ricos y pobres por igual. Lo único que hace diferencia es la magnitud del efecto que tiene en unos y en otros.

Y en el aspecto político es necesario reconocer la oportunidad con que se ha presentado esta temporada intensa de fenómenos hidrometeorológicos y de sismos, simultánea al comienzo del proceso electoral por el cual los mexicanos elegirán a sus gobernantes y representantes populares el próximo año, porque constituyen invaluable oportunidad para que los actuales gobernantes y representantes se muestren, se acerquen a la gente, sonrían, estrechen manos y hagan promesas.

Los pobres, otra vez, como mercado electoral.

Entre una lluvia de acusaciones por nepotismo, Marisela Reyes Reyes decidió renunciar a la presidencia del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC), a unos cuantos días de haber comenzado el proceso electoral correspondiente a 2018.

Reyes Reyes estaba siendo sometida a un procedimiento en manos de la Unidad Técnica de lo Contencioso Electoral y también por violación al artículo 102 en lo que se refiere a contratación o promoción de un familiar directo, declaró Ciro Marayama Rendón, consejero del Instituto Nacional Electoral. Dimitió antes de que le exigieran la renuncia, deslizan voces por ahí, en tanto los representantes de los partidos políticos Morena, Movimiento Ciudadano, PRD, PAN y PT criticaron la renuncia, considerando que fue una forma muy elegante de salir del organismo antes de que se concluyera la investigación en su contra.

Las circunstancias en las cuales se produce la renuncia de Marisela Reyes Reyes al Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del estado (IEPC) no constituyen el único escándalo que se ha producido en ese organismo estatal. Como es ampliamente sabido, la hasta este martes funcionaria estatal era objeto de un procedimiento del INE por nepotismo, además de que en el ámbito local se le cuestionaba la abultada suma monetaria que percibía por desempeñar el cargo.

El 24 de junio de 2014, el INE tomó la rectoría del IEPC. Sucedió como con otros organismos que una vez fueron federales, y luego, a consecuencia de la constante demanda de descentralizar la política y desconcentrar las funciones de gobierno, pasaron a la jurisdicción estatal.

Ese proceso fue empujado por una nueva concepción de federalismo que se extendió por todo el país a la par que la nueva conciencia política que a su vez dio pie a reformas político-electorales de gran calado.

Pero ha debido revertirse a la luz de los resultados de la descentralización-desconcentración, porque, en palabras populares, resultó peor el remedio que la enfermedad.


Así sucedió, por ejemplo, con el manejo de la nómina de la Secretaría de Educación, que llegó a estar en manos del estado, pero acabó por volver a la Federación debido al enorme desbarajuste y al abismo financiero generado por los administradores estatales.

También así sucedió en el sector salud, donde los gobernantes locales crearon miles de plazas sin techo presupuestal, sólo para salir del paso a compromisos y urgencias personales o de grupo político, o necesidades financieras imperiosas de los gobernantes o allegados suyos.

Este proceso de reversión muestra a las claras que cuando ocurrió la descentralización-desconcentración no había las condiciones, sobre todo subjetivas, que permitieran sostener y profundizar esa medida. Resultó una decisión voluntarista, tomada por un gobierno federal acicateado por el arrollador vendaval democrático que se liberó en el histórico proceso electoral de 1988.

Este vigor, sin embargo, con los años se fue apaciguando, y las fuerzas que pudieron servir de contrapeso a los gobernadores se apagaron. Así, éstos acabaron siendo los beneficiarios de esa descentralización del poder que antes estuvo en manos del presidente de la República. Se convirtieron, pues en los nuevos señores feudales de este país.

Su poder se desbordó ante la falta de contrapesos, institucionales o de facto, y ante la inmadurez de la sociedad civil del estado, presta para la movilización, pero incapaz de ir más allá. n

Hace dos años, el titular de la Secretaría de Turismo estatal, Ernesto Rodríguez Escalona, denunció que el proyecto del Museo Nacional de Platería de Taxco había sido declarado terminado y realmente, acusó, “estaba inexistente, porque no hay ni museo, ni recursos”, lo mismo dijo que la rehabilitación del Centro de Convenciones de la misma cabecera municipal quedó inconclusa.

A cada una de las obras se asignaron 10 millones de pesos, lo que significa que desde entonces 20 millones de pesos tuvieron un destino que se desconoce.

Ayer, explicó Rodríguez Escalona que se trata de un caso que ha pasado a las instancias jurídicas del gobierno estatal, y a él no corresponde darle seguimiento, porque ya no le compete.

Abundó: “ya lo dije en su momento. Ya abundé el tema. Ya no está en la Secretaría de Turismo. Está en otras instancias que no son mías;  el expediente fue turnado a la Contraloría del estado, y es ahí donde se están haciendo las investigaciones; en la Auditoría Superior de la Federación (ASF), en la Secretaría de la Función Pública (SFP), ya se hicieron las auditorias, y está totalmente fuera del área de competencia de la Secretaría de Turismo”.

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