La masacre de la Coprera

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Jul 20, 2018

Para el profesor
Eloy Cisneros
Guillén

Está por cumplirse 51 años de la masacre de la Coprera, aquel domingo 20 de agosto de 1967, en la esquina de la avenida Ejido y Calle 6, sucedió una de las masacres que marcó la historia regional de Acapulco y del estado de Guerrero; los líderes de la Unión Regional de Productores de Copra del Estado de Guerrero, apoyados por gatilleros de renombre y con el apoyo del gobernador Raymundo Abarca Alarcón, abrieron fuego y reprimieron a 800 productores de copra, cuando intentaban ingresar al edificio de dicha sede, donde se llevaría a cabo un congreso y se manifestaban contra la elección de Jesús Flores Guerrero como presidente de esa organización.

Además, contra la aplicación de un impuesto de 13 centavos a cada kilogramo de copra, el actual líder de la Unión Regional de Productores de Copra del Estado de Guerrero, afirma que oficialmente murieron en el acto 38 personas, entre los que se encontraban productores de copra, ama de casa, un par de turistas norteamericanos, vendedores ambulantes y un niño vendedor de paletas.

Aquel 20 de agosto de 1967, un grupo de 800 campesinos productores de copra, inconformes, se habían reunido en un establecimiento comercial que fue conocido como Aluminio Galvanizado de Acapulco, ubicado en la avenida Ejido, realizaron un mitin, y este grupo disidente avanzó pacíficamente hasta llegar a la esquina con Calle 6.

Cuando los inconformes intentaron entrar al inmueble, grupo de gatilleros ubicados estratégicamente en la entrada en un primer piso y en la azotea del establecimiento, además de otros apostados en el establecimiento frente al edificio, dispararon indiscriminadamente armas automáticas contra la multitud. Las versiones inician con un saldo de 21 personas muertas y más de 30 heridos; fuentes militares de la época señalan que 40 personas muertas y cientos de heridos.

Para este acto de sangre y muerte, fueron contratados pistoleros famosos como Constancio Hernández El Zanatón, del municipio de San Marcos, quien recibió un balazo en el ojo, por un hombre de apellido Vejar González; Gerardo Chávez El Animal, Eduardo Radilla El Niño; y de Puebla trajeron a uno que como apelativo era El Pata de Mula; y los tres hermanos Gallardo, de Cruz Grande;  Demetrio, Luis e Isabel, de apellidos Gallardo Solís, además de que se mencionan a 44 efectivos de la Policía Judicial del Estado; tras los hechos sangrientos, arribaron tropas del Ejército al lugar y detuvieron a 40 personas, entre las que se mencionan a Jesús Flores Guerrero, Severiano Ibarra, Amador Campos y Eligio Serna Maciel; en el interior del inmueble de la Coprera se confiscaron más de 70 rifles M-1, un gran número de rifles automáticos calibre 30 M-2, escopetas de diversos calibres, 22 pistolas calibre .380; 30 pistolas calibre 38 súper, además de ametralladoras y subametralladoras, 15 ametralladoras Mendoza, 15 rifles Máuser de cerrojo calibre 7 mm,  27 dagas y puñales.

El costo social humano de la masacre fue de un número indeterminado de muertos, más de un centenar de heridos, números nunca confirmados, además de campesinos lesionados que fueron llevados a sus lugares de origen, donde algunos morirán.

La Procuraduría de Justicia del Estado dictará órdenes de aprehensión por instrucciones del gobernador Raymundo Abarca Alarcón, contra los dirigentes opositores, Julio Berdeja Guzmán, César del Ángel, y junto a ellos Lucio Cabañas Barrientos, Alejandrina de los Santos, dirigente de la Unión de Mujeres Democráticas de Coyuca de Benítez, Félix de la Cruz, Ángel Serrano, Esteban Aparicio, Ladislao Mena, Julio Campos y Luis Vargas.

Los culpables de la masacre de la Coprera nunca recibieron castigo y se confabuló nuevamente el poder económico, el poder público, la policía judicial y los grupos de bandoleros y guardias blancas, los acaparadores de copra, en la impunidad quedaron el gobernador Raymundo Abarca Alarcón, el director de Seguridad Pública, Jesús Parra Marquina, Jesús Flores Guerrero, Eligio Serna, Rosendo Ríos, Rigoberto Pano y Raúl Fernández.

De estos hechos dan cuenta las oportunas fotografías de Roberto Balderas Portillo del Diario Revolución, que hoy a medio siglo, siguen consultándose por su valor histórico, imagen que quedarán para la posteridad.

Hoy, a más de medio siglo, no ha habido justicia, la condición económica de los productores de copra es cada día más difícil y al edificio de la masacre les han salido tres dueños que han intentado derribar con maquinaria pesada, guardias blancas y policías, el edificio histórico que aún tiene a más de 50 años en sus rejas y paredes, los rastros de la barbarie de esa fiesta de sangre y muerte. n