La segunda Victoria

Escrito por  Citlali Guerrero Jul 12, 2018

La victoria histórica de Andrés Manuel López Obrador, obtenida el 1º de julio de 2018, no sólo significa que –por primera vez–, México tendrá un Presidente de izquierda; no solo significa que ganó 299 de 300 distritos electorales en el país; no solo significa que tendrá mayoría absoluta en la Cámara de la Unión, que gobernará cinco estados de la República, en más de 280 municipios y que tendrá mayoría en 17 congresos locales. Sin duda, esta numeralia es apabullante y para algunos analistas, significa el poder absoluto de la República en manos de un solo hombre, sin contrapesos y con una oposición casi nula; pero más allá de las cifras y de la nueva conformación de la geografía política del país, lo que hay que realmente festejar, es la otra victoria: al fin, después de 30 años se derrotó al fantasma del fraude.

Desde las elecciones nacionales de 1988, cuando se “cayó el sistema”, pasando por elecciones estatales, como las de 1999, cuando la diferencia entre René Juárez Cisneros y Félix Salgado Macedonio fue de 14 mil votos aproximadamente, hasta las del 2006, con una diferencia de 0.5 por ciento entre Felipe Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador.

Una gran mayoría de mexicanos, creíamos que era imposible tener elecciones limpias, transparentes, con certeza jurídica, que al final el sistema político de gobierno imponía al presidente en turno.

Según una encuesta de María de las Heras, 49 por ciento de la población mexicana, considera que en 2006, Felipe Calderón Hinojosa, hizo fraude. En 2012, con el regreso del PRI, para muchos mexicanos la contienda fue inequitativa, pues las instituciones responsables de organizar la elección, mostraron imparcialidad y de nueva cuenta se generó la duda de unas elecciones limpias y equitativas.

Hoy la victoria de López Obrador pone fin a este modelo de gobierno que prevalecía desde 1988. Las nuevas formas de la política, marcarán la nueva historia electoral en el país. Cuando la voluntad ciudadana se manifiesta no hay estructura partidista que valga. Las elecciones de 1º de julio de 2018, son ejemplo de ello.

Después de 30 años de lucha, México, al fin tiene a un Presidente de izquierda. Le toca el turno al estado de Guerrero, pues a pesar de que se tuvo una alternancia en 2005 y 2011, los candidatos abanderados por la coalición conformada por el Partido de la Revolución Democrática, Movimiento Ciudadano y Partido del Trabajo, no provenían ni tenían una trayectoria y formación de izquierda. El 2021 ya empezó.