Adiós, Felipe y Margarita

Escrito por  Ginés Sánchez Jun 12, 2018

Ante la ya tan cantada salida de Margarita Zavala de Calderón de la contienda por la Presidencia, podemos asegurar que ella y su esposo ya saben que va a ganar Andrés Manuel López Obrador, y también que sus votantes no les alcanzan para ayudar a otro candidato a ganar; su plan A y su plan B fallaron; el destino de su candidatura era una humillación en las urnas, de ahí que emprendieran la indigna retirada.

Su siguiente jugada ahora será la de intentar liderar a la oposición al gobierno (el del presidente Andrés Manuel López Obrador), y aunque en el PAN estaría su lugar más que natural, los Calderón tienen dos opciones: la de regresar a Acción Nacional a contribuir a reconfigurarlo y desde ahí encabezar dicha oposición, por la que no optarán, pues su deseo es adueñarse otra vez del partido, así sea dividiéndolo y socavándolo, como ya lo han hecho; o la de formar un partido político nuevo, con su equipo más cercano de incondicionales y socios, y sus cada vez menos potenciales votantes.

En torno a esta segunda, sería demasiado ingenuo pensar que poseen la fuerza como para articular en torno a ellos ese supuesto movimiento social que creen que pueden llegar a conformar. Bueno, sin más, eso es para los Calderón algo sencillamente imposible. Este eventual polo político nuevo sólo puede tener por meta conservar el registro para no desaparecer y jugar un papel meramente testimonial.

Hoy el prianismo, o como lo llama Álvaro Delgado, “el amasiato” entre Felipe Calderón y el presidente Peña Nieto, simplemente dejó de existir; sus dos cartas: Meade y Margarita, naufragaron muy prematuramente, para beneplácito de muchos millones de mexicanos.

Los señores Calderón se van a embarcar en una meta irrealizable, porque se inclinarán por la de pretender liderar una fuerza política independiente del blanquiazul, pues en el Acción Nacional, como se mencionó, nunca más los dejarán volver a manipular al partido, como se hizo ya a partir de la presidencia de ese instituto político en el periodo de Gustavo Madero, eso de que “el PAN es mi casa, y en mi casa mando yo” hace ya mucho tiempo que se terminó.

Esperemos que el matrimonio Calderón-Zavala nunca más vuelva a ser relevante, ni a enrarecer y envenenar el ambiente en la cosa pública en México con su estilo tan nocivo para hacer política.

Crear un partido-movimiento de las dimensiones de Morena, los Calderón –y va de nuevo para que quede bien claro– nunca lo lograrán, pero ni de lejos; así como nunca mostraron otra cosa al frente del Ejecutivo Federal que no fuera una mezcla tolerancia a los excesos y abusos de todo tipo, con una mezcla de torpeza e indolencia sin par.

Váyanse, Felipe, Margarita y compañía; lárguense con los sueños guajiros que quieran y pretendan aterrizar, a cuestas, junto con su ambición enfermiza e hipócrita de poder y dinero, pero no se vuelvan actores importantes nunca más. Ustedes no nacieron para eso, no tienen ni el carisma, ni la capacidad, ni la transparencia, ni el magnetismo, ni los ideales, ni la mística de Andrés Manuel López Obrador. Con eso se nace.

Váyanse, y ojalá que la conciencia de su guerra perdida y decenas de miles de muertos, desaparecidos, asesinatos, desplazados, huérfanos, empleos perdidos y un largo etcétera de penurias, no los deje vivir en paz nunca, y que ni el país de anarquía y con un salto exponencial a la corrupción nacional que nos heredaron en 2012 olvide nunca el tan enorme daño que le hicieron. n