Herida abierta

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Abr 15, 2018

La publicación hecha por el periódico Reforma el pasado jueves sobre el tema de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos el 26 y 27 de septiembre de 2014, ha vuelto a abrir la herida de los padres de los muchachos que siguen sin aparecer, a casi 43 meses de su ausencia.

Los nuevos datos aportados por la información se refieren a mensajes telefónicos interceptados por autoridades estadounidenses entre integrantes de la organización Guerreros Unidos que se encontraban en Iguala y en Chicago, Illinois, Estados Unidos, lo que ha sido considerado por organizaciones defensoras de derechos humanos y los propios padres de los 43 suficiente motivo para evitar que el gobierno mexicano cierre el caso, como lo anunció el propio gobierno hace poco, todo con visos de tintes electorales.

La línea de investigación del narcotráfico es, precisamente, la que los padres de los estudiantes han estado exigiendo desde que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) lo mencionó durante sus indagaciones en Iguala, cuando se habló de un autobús que había sido tomado por los estudiantes en la terminal camionera de esa ciudad y que probablemente llevaba drogas hacia Estados Unidos.

Los muchachos ignoraban la carga que transportaba ese vehículo, sin embargo, los dueños del embarque, creyendo que se trataba de integrantes de la banda contraria de Los Rojos, procedieron a balacearlos y secuestrarlos, cometiendo también la equivocación de agredir a balazos el autobús donde viajaban los jugadores del equipo de futbol de Chilpancingo Los Avispones.

Los mensajes interceptados y dados a conocer por el periódico Reforma dan cuenta del tamaño de la banda de Guerreros Unidos, que, si se creía que actuaba a nivel estatal, ahora se descubre que es en realidad una compleja red transnacional de tráfico de drogas en vías de expansión, vinculada al trasiego de heroína en autobuses, coludida con niveles de gobierno municipal, estatal y federal y cuyo organigrama real es aún desconocido, cita que ejemplo de ello es la referencia que se hace en los mensajes a su relación ilícita con el gobierno de Guerrero. ¿Será por eso que el gobierno federal no quiere investigar esa línea que señaló el GIEI? O será porque algunos políticos están involucrados en esa red de narcotráfico, y no les conviene que se sepa la verdad sobre la desaparición de los 43 estudiantes.

También en la información dada a conocer por el Reforma se menciona que los integrantes de Guerreros Unidos de Chicago les ordenan a sus cómplices de Iguala que pidan ayuda al gobierno estatal para salir del problema. Lo que no aclaran esos mensajes es si se hizo la petición de ayuda a las autoridades estatales. Por lo pronto, el ex gobernador Angel Aguirre Rivero, en ese entonces mandatario, se deslindó de esos hechos.

Asimismo, se destaca en lo difundido, el involucramiento de las policías municipales de Iguala, Cocula y Huitzuco; sin embargo, esta última población no ha sido incluida en las investigaciones. Sólo el gobierno federal sabe el motivo.

Sabemos que es la PGR la instancia encargada de hacer estas investigaciones, pero si tiene consigna del gobierno federal de dejar las cosas como están y preparar el expediente para cerrarlo y dar por concluido el caso, jamás se sabrá la verdad sobre este suceso que ha indignado a México y a la comunidad internacional.

Además, los nuevos datos echan abajo la “verdad histórica” que tanto ha defendido el gobierno federal como lo que realmente les sucedió a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, lo cual ha sido desmentido científicamente por expertos y han recomendado a las autoridades federales a seguir la línea del trasiego de drogas a Estados Unidos por medio de autobuses de pasajeros, acusación que es la fuente de los mensajes referidos.

Recuérdese que el pueblo mexicano es mayoritariamente católico, y a sus familiares fallecidos les dan cristiana sepultura, donde los van a visitar de vez en cuando y en fechas tradicionales, como son el Día de Muertos, el del cumpleaños del difunto, el Día de la Madre, del Padre, etcétera. En este caso de los 43 estudiantes desaparecidos, los padres y madres de estos muchachos están en la incertidumbre de dónde podrían estar, incluso han llegado a decir que si está comprobado que ya fallecieron que se los digan, pero que no los tengan en esta angustia desde hace casi 43 meses, pues ya sabiendo con certeza dónde quedaron sus hijos podrían irlos a buscar, ya sea para rescatarlos o irles a rezar por el descanso de su alma.

Eso es lo que principalmente quieren los padres de los 43: certeza de lo que realmente ocurrió a los muchachos. Con toda esta información nueva ¿el gobierno federal se atreverá a cerrar el caso esté como esté? Esperemos que no. n