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Juventud y desesperanza

Escrito por  Ginés Sánchez Mar 06, 2018

Tristeza dan algunos recientes hechos, en tres universidades del país, dos privadas (ITAM y Tec de Monterrey), y la otra, ni más ni menos que la máxima casa de estudios, la UNAM.

En el primer caso, el ITAM, semillero de burócratas de la tecnocracia por excelencia y expoliadores del México del siglo 21, un grupo de alumnos de Ciencias Políticas se nota tranquilo, incluso feliz y orgulloso, de que un ex presidente impresentable por donde quiera que se le analice les da una supuesta charla de historia política contemporánea de México.

Las fotos que compartieron los alumnos se convirtieron en el pitorreo de las redes sociales, mediante interminables e ingeniosos memes en los que Felipe Calderón supuestamente da clases de cuestiones relacionadas con su hipotético alcoholismo.

Pero los memes no fueron hechos por los alumnos del ITAM, no; lo patético del asunto es que ellos compartieron las fotos como un motivo de prestigio y privilegio. No se vio, ni se supo de un solo acto de protesta, ya no digamos para decirle un par de verdades y salir de ese salón azotando la puerta (que es lo que hubiese hecho yo, de estar ahí), sino ni una sola expresión, declaración en redes sociales o una simple cartulina siquiera de algún miembro de la comunidad itamita. Es entendible el adoctrinamiento radical que se da en esa institución educativa, pero no pensé que fuera para que, en este caso, existiera, de plano, un nulo espíritu crítico.

El segundo caso corresponde al Tec de Monterrey, que hace días llevó a cabo un acto simbólico de despedida a su campus en la Ciudad de México, que fue destruido por el terremoto del 19 de septiembre del año pasado, y donde es público el hecho de que los edificios estaban mal construidos.

Los alumnos de todo el sistema Tec han guardado silencio y mostrado apatía al respecto, que no dudo en señalar como una suerte velada de complicidad. Habría que recordarles que la corrupción también está en el sector privado, y el caso en cuestión reviste simplemente corrupción y negligencia criminales, con la pérdida incluida de vidas humanas.

Los alumnos aplaudían en el acto, ante la promesa de sus directivos de “construir el más moderno campus de la ciudad”. Nunca se vio un movimiento, ni un intento siquiera de uno, articulado de protesta y señalamiento públicos ante estos más que vergonzosos hechos.

El tercero es el de la UNAM, la máxima casa de estudios de México, adonde llegó lo impensable: la violencia y la muerte como consecuencia del tráfico de drogas.

Es inconcebible cómo el rector Enrique Graue se adelantó a los alumnos de la UNAM en manifestarse a favor de la despenalización del uso recreativo de la mariguana, como una pequeña vuelta a una cerradura, que gradualmente haga que se le dé otro enfoque al problema del consumo en México, uno de prevención y (en su caso) rehabilitacion de los tres sectores: el público, el privado y el social, pues es obvio que el enfoque de prohibición y combate con violencia sólo tuvo ya como resultado la pérdida de lo poco que nos quedaba por presumir a los mexicanos: la paz social.

También se adelantó el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, en ese mismo tema.

Un movimiento estudiantil es de donde debe venir ese cambio, que con los nuevos modos de participación ciudadana incluidos en la Constitución, como la iniciativa popular, los estudiantes podrían, y acaso deberían, encabezar el debate y la iniciativa de cambio en ese sentido, porque ellos saben mejor que nadie que la droga que destruye vidas y familias y provoca conductas antisociales es el alcohol, que se vende en cada esquina y de modo legal.

¿Delitos contra la salud? El tabaquismo es de las principales causas de muerte en México y el mundo, y yo no veo a las fuerzas federales entrando a las tiendas de conveniencia a detener o atacar a nadie. Pero parece que los estudiantes no harán nada al respecto.

Se notan ya demasiadas diferencias entre dos generaciones de estudiantes tan cercanas: la que en 2012 movilizó al país entero con la protesta social #YoSoy132 y ésta, que luce ensimismada en un limbo de egoísmo y apatía totales; resulta hasta indignante que personas que rondan los 60 años, como el maestro De la Madrid o el rector Graue, muestren más espíritu de rebeldía que los jóvenes estudiantes en este 2018, cuyas prioridades están en enriquecerse a futuro a costa de lo que sea –que es lo que han visto que sucede en su país en los años recientes–, así como en priorizar sus notificaciones y actualizaciones en sus cuentas de Snapchat e Instagram.

Paradójicamente, la generación del movimiento del 68 no tenía agenda alguna, no tenía idea de lo que exigía; fue ese un movimiento sin rumbo, y hoy sí existe una lista de temas muy puntuales a los que los estudiantes podrían canalizar sus energías en pro de algún cambio, pero no está siendo así, ese es el hecho.

Qué desolador luce el panorama, si es que tengo la razón en lo anteriomente expuesto. n