Similitudes

Escrito por  Ginés Sánchez Feb 20, 2018

A 105 años ya de la decena trágica, valdría la pena reflexionar sobre las muchas similitudes de ese oscuro episodio de nuestra historia y los no menos opacos 12 años de gobiernos panistas (2000 a 2012); las coincidencias entre los hechos y los personajes de ambas épocas no son pocas, ni menores:

Francisco I. Madero y Vicente Fox, supersticiosos. Madero practicaba el espiritismo y decía recibir consejos de las ánimas, algunas de ellas ilustres, como la del mismísimo Benito Juárez; Fox, un mocho católico hipócrita del Bajío, que se atrevió incluso a romper el protocolo y la liturgia de la toma de posesión presidencial subiendo a la tribuna de San Lázaro ni más ni menos que un crucifijo, ante la incredulidad de propios y extraños, en su ramplona superchería y burla al Estado laico.

Ambos de origen burgués; los dos empresarios agrícolas (exitoso Madero, fracasado Fox).

Los dos tuvieron una enorme popularidad, pero breve y completamente desperdiciada, ambos estaban obsesionados por el voto y creían que este por sí mismo era la solución de todos los problemas; a ninguno le habría gustado que su campaña por la Presidencia terminara; en el fondo tenían pavor a gobernar, veían las elecciones como un fin y no como un medio; no es casualidad la declaración de Vicente Fox, de “sentir ñáñaras”, ya como presidente.

Al asumir el cargo, los dos se montaron en las viejas estructuras, porfirista y priísta, respectivamente, y dejaron escapar tiempo y oportunidades para maniobrar verdaderos cambios de fondo.

Los dos también fueron acusados (y no sin razón) de nepotismo: Madero nombró a su tío secretario de Hacienda y a su primo en Gobernación; la esposa de Fox convirtió la residencia oficial de Los Pinos en vulgares oficinas de coyotaje enriqueciéndose ilegalmente ella y sus hijos, con cualquier cantidad y tipo de negocios, al amparo del poder publico.

Tanto uno como otro desconfiaron de sus hombres más leales y confiaron en los que los traicionaron: Madero encarceló a Villa e hizo a un lado a otros valiosos aliados, y dio toda su confianza a su verdugo, Victoriano Huerta; Fox hizo lo mismo, exiliando al mismísimo Porfirio Muñoz Ledo, de lejos su mejor aliado, y confió en legisladores priístas, que no hicieron más que engañarlo una y otra vez, como quien le quita un dulce a un niño, a cambio de obscenas canonjías y privilegios, de los que aún hoy padecemos las consecuencias.

También los dos, ya en el poder, convirtieron la libertad de prensa en libertinaje, con lo cual propiciaron que la figura presidencial se degradara y hasta fuera humillada.

Otros asombrosos parecidos durante los dos periodos y eventos históricos también los hay:

El alcoholismo de Victoriano Huerta y el de Felipe Calderón; militar uno, y con delirios de serlo, el otro, tanto que este último llegó incluso al patético límite de disfrazarse como tal.

Los dos ensuciaron y mancillaron, con sus trastornadas acciones, a una institución heroica y respetada, como el Ejército.

Ambos traicionaron los logros democráticos que costaron años de esfuerzo y vidas, y causaron que el país cayera en guerras fratricidas e inútiles.

Y aún hay más:

Hay gran parecido en los procesos que llevaron al poder a los usurpadores (Huerta y Calderón); uno con un congreso cómplice, y el otro con un tribunal electoral que no actuó a la altura de las circunstancias, que validaron la ignominia y revistieron de legalidad las ilegítimas injusticias y traiciones.

De Madero se decía: “No sabe poner al rojo el acero, no tiene un átomo de energía, su figura es apocada, parece todo, menos un presidente”. Exactamente lo mismo se puede decir hoy, sin ninguna duda, de los dos ex presidentes panistas.

Lo que siguió después de Huerta y del panismo no es tan diferente: en los dos casos se evolucionó a sistemas más democráticos y con cierta alternancia, corporativista uno y partidocrático el otro, pero al final de cuentas presidencialistas; sistema que, sin ninguna duda, se encuentra en nuestro ADN político. n