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La Llorona

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Feb 18, 2018

Esta semana me contaron la historia de La Llorona, y me pareció interesante para compartirla con ustedes. Se las platico como me la platicaron.

Hay tres versiones sobre cómo surgió este personaje. La primera versión se refiere a Doña Marina, más conocida como La Malinche, que por haber traicionado al imperio mexica su pueblo fue conquistado por parte del invasor extranjero. Esta acción le atrajo el repudio de su pueblo, por lo cual vuelve arrepentida a llorar su desgracia: la traición a su pueblo indígena y su relación con Hernán Cortés, como parte de la leyenda negra de este personaje.

De aquí parecen venir muchas de las versiones que señalan a La Llorona como la protagonista de una trágica historia de amor y traición entre la mujer indígena (o mestiza o criolla) y su amante español, lo que finalmente la lleva al infanticidio como una manifestación del deseo de castigar al hombre en la forma del amante, en unas versiones, o del padre de la mujer, en otras, para lo cual usa al niño como el instrumento de la venganza por ser éste la prueba de la deshonra, pero también, de alguna forma, como una manera de castigarse a sí misma por su debilidad. La segunda versión es sobre el personaje que cuenta la leyenda que se aparecía en Coyoacán, en la Ciudad de México. Según la tradición oral, se presenta como el alma en pena de una mujer que asesinó o perdió a sus hijos, busca a estos en vano y asusta con su sobrecogedor llanto a quienes la ven u oyen. Si bien la leyenda cuenta con muchas variantes, los hechos medulares son siempre los mismos.

Es durante la Colonia española en América cuando el mito de la Llorona toma forma. A la vez diosa y demonio, nadie puede resistir su aparición ni su llanto de ultratumba, ni siquiera los conquistadores afincados en el valle de México, quienes, a causa del espanto, incluso instituyeron un toque de queda a las 11 de la noche, pues pasada esa hora comenzaban a escucharse los gemidos aterradores de una mujer espectral por las calles de la Ciudad de México.

Su visión garantiza la muerte o la locura para aquellos que intentan averiguar el origen de aquel lastimero gemido. Para los colonos toma la forma de una mujer de flotante vestido blanco, con la cara cubierta por un vaporoso velo (que cubre el aterrador rostro de la angustia), que cruza las empedradas callejuelas y plazas de la ciudad lanzando un estremecedor grito de desesperanza y derrota.

Con pasos lentos recorría varias calles de la ciudad, dando sus angustiosos lamentos, luego penetraba en el lago que en ese entonces llegaba dentro de algunas colonias, y como una sombra se desvanecía entre las aguas.

Quienes la veían y la oían se aterrorizaban, se quedaban mudos y pálidos como de mármol.

Esta mujer se aparece en las noches, a veces en las encrucijadas de los caminos, llamando con fuertes llantos y aterradores lamentos a sus hijos.

Según la leyenda, éstas son las mujeres muertas en parto que bajan a la tierra en ciertos días dedicados a ellas en el calendario, con el fin de espantar en los caminos y que son fatales para los niños.

Esta es la historia más difundida y aceptada por el pueblo mexicano.

La tercera versión es la de la canción La Llorona, nos habla sobre el rapto de una joven muy bella, que había llamado la atención de un hombre que quedó cautivado por la belleza de la dama.

Los primeros versos de la canción La Llorona dicen: Salías un día del templo, llorona, cuando al pasar yo te vi; hermoso huipil llevabas, llorona, que la virgen te creí.

El enamorado se plantaba todos los días afuera del templo para ver pasar a su amada, quien lo ignoraba, pues se decía que era una doncella honesta y seria.

La joven rechazaba los galanteos de su admirador, quien le insistía en conquistarla, pero, cansado de la indiferencia de ella, es que decide raptarla.

Luego del rapto y de que su captor la quiere forzar a sostener relaciones, la mujer se la pasaba llorando, muriendo de tristeza sin que el hombre pudiera conseguir su propósito. Precisamente, a raíz de la muerte de la mujer es que el hombre canta La Llorona, recordando a su amor imposible, extrañando su presencia, llorando su partida. Dicen otras estrofas: No sé qué tienen las flores, llorona, las flores del camposanto. Que cuando las mueve el viento, llorona, parece que están llorando.

Demasiado tarde el enamorado se da cuenta de lo irracional de su proceder con la mujer que amaba, por eso, en las últimas estrofas, canta su sufrir por el amor perdido: El que no sabe de amores, llorona, no sabe lo que es martirio.

Finalmente, el galán frustrado canta: Y aunque la vida me cueste, llorona, no dejaré de quererte. Terminando, así, la canción y su lamento. Eso es todo, espero que les hayan gustado las tres historias, y canten con más sentimiento La Llorona, al recordar un amor perdido. n