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De mal en peor

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Feb 04, 2018

Dice el refrán: Mal empieza la semana para el ahorcado el lunes. Así empezó 2018 para Guerrero, desde el primer día de 2018: muertos y más muertos.

Iniciamos el año con la denuncia de la desaparición de siete jóvenes en Chilpancingo por parte de la policía municipal de la capital, unos días antes, y dos fueron encontrados, posteriormente, asesinados.

Más homicidios en Acapulco, Chilpancingo, Atoyac, Zumpango y otros municipios. Brutales asesinatos en Taxco con una nutrióloga como víctima; una madre joven de 17 años, igualmente, asesinada en Chilapa. La desaparición desde el 25 de enero de 5 artesanos, fabricantes de muebles de madera, que venían de una comunidad de Veracruz, los cuales fueron encontrados una semana después descuartizados. Y la lista sigue y sigue.

Sólo destaco lo más impactante de enero y lo que llevamos de febrero. Más lo que se acumule en la semana.

La Fiscalía del estado, como siempre, se va del lado más fácil, y declara que todas las víctimas son porque estaban involucradas con el crimen organizado, las difama, las pone como lazo de cochino. Punto final. Se cierran expedientes y nadie investiga más.

Fácil la chamba del fiscal, nada de investigaciones, sólo declaraciones y a seguir roncando.

Pero las demás autoridades estatales sí están preocupadas en realidad por el ambiente de inseguridad que, cada vez, está peor, cada vez hay más salvajismo en las formas de matar, como la nueva modalidad del torniquete; pareciera que la droga embrutece el cerebro de los asesinos que los regresa a la época de los neandertales.

Muchos analistas y académicos han recomendado que para abatir la inseguridad es necesario darle mayor importancia a la educación, pero el gobierno federal lo entiende al revés, cada año dedica menor presupuesto a este sector, esperando que las escuelas oficiales se caigan por falta de mantenimiento y surjan los planteles privados, de lujo, para que sólo los de la clase alta puedan pagar esas cuotas.

Como en la antigüedad, sólo se enseñaba a leer y escribir a quienes podían pagar, después se democratizó la educación y el pueblo tuvo acceso a las escuelas.

Recuerdo que una tía mía (qepd) me platicaba que, en Tlapa, cuando instalaron la primera escuela, ella entró a primer grado, como a los ocho años de edad, porque antes no había, sólo hasta Chilapa, que, en aquel entonces, para ir se hacían muchas horas de camino.

Cuando mi tía terminó el primer grado y pasó a segundo, la contrataron de maestra para que diera clases a los de primero, mientras ella estudiaba el segundo año. Y así, sucesivamente, por lo que se retiró del magisterio como con 70 años de servicio. Pero así de fácil fue empezar a dar clases.

Ahora, los maestros están mal preparados, tienen mala ortografía, muchos viven en su zona de confort, sin actualizarse ni capacitarse con las nuevas técnicas, pero, eso sí: el gobierno les obliga a que presenten examen de admisión para la carrera docente y continuamente los está evaluando, sin brindarles la capacitación necesaria para mejorar el nivel educativo en nuestro país.

Desde el ciclo escolar pasado (2016-2017) en varias escuelas de muchos municipios guerrerenses, los padres de familia, docentes y directores han estado reclamando la falta de maestros para varios grupos de sus planteles, sin que las autoridades cubran esas plazas, dejando a muchos niños sin clases.

Si la famosa reforma educativa no se le ve traza para mejorar el nivel educativo en las escuelas, alumnos sin clases y sin maestros menos van a lograr la excelencia académica que se pretende al dejarlos olvidados y sin prestar atención a estas carencias. Y no hablemos del estado de los edificios escolares. Esa es otra historia.

Ahora bien, si en el nivel educativo andamos mal, qué se puede esperar del comportamiento de la sociedad civil, que carece, primero, de una buena educación; luego, de los valores morales, cívicos y éticos que antes se inculcaban en las aulas y, por decisión del gobierno, se dejaron fuera del programa educativo.

Añadamos a lo anterior la falta de empleos y de salarios dignos, pues los jóvenes buscan el modo de trabajar y ganar algún dinero. Lo único que se les ofrece y donde no necesitan estudios ni tanto requisito es de halcones, sicarios y toda clase de malandrines.

Ojalá las autoridades le den la importancia que merece al sector educativo, que se dé cuenta que es un área importante para abatir la inseguridad y volver a los tiempos en que podía uno salir a cualquier hora a dar la vuelta, a pasear, a divertirse, sin andar con el Jesús en la boca, como ocurre actualmente.

Deben construirse más planteles educativos oficiales y menos cementerios y fosas clandestinas.

No hagamos de Guerrero una gran necrópolis. n