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Peña Nieto y Meade

Escrito por  Isidro Bautista Soriano Feb 01, 2018

La visita del presidente Enrique Peña a la comunidad de El Quemado, municipio de Acapulco, aparte de significar otro respaldo al gobernador Héctor Astudillo, podría interpretarse como un empujón a José Antonio Meade, precandidato del PRI a sucederlo en el cargo, porque, de plano, no se ve todavía que levante, ni en Guerrero ni en el resto del país.

Meade estuvo en Chilpancingo el lunes pasado, y en Acapulco, el domingo antepasado, y pareció casi como si no hubiera venido. No prendió lo suficiente. La gente no se enteró o no le interesó saber de su visita.

No se apreció discurso que prendiera. En el acto de Chilpancingo destacó más la alusión a Heriberto Huicochea Vázquez, dirigente estatal de ese partido, por el rollote que éste pronunció. Llegó a parecer, hasta en algunos concurrentes, como burla o como chiste, porque hizo carceajear a muchos presentes.

Es posible que no esté en proselitismo al máximo, por tratarse aún de precampaña, y porque normalmente el activismo va de menos a más rumbo a las urnas. Habrá que pensar en eso.

Guerrero ha sido más bastión de Andrés Manuel López Obrador, tratándose de las elecciones presidenciales en que ha participado como candidato, primero con el PRD, y ahora todavía con Morena.

Por eso, podría pensarse que Peña Nieto vino a darle un poco más de oxígeno al PRI, éste con Meade al frente.

Cacaraqueó su ejercicio de gobierno justamente en Guerrero. Esperó para eso a que terminaran los trabajos de construcción del Hospital General de Acapulco en El Quemado y el Proyecto de Saneamiento de las Zonas Marginadas del Valle de la Sabana, como dos obras de su política de justicia social.

Buena noticia, la de que ampliará el catálogo de cobertura de enfermedades que atiende el Seguro Popular con la atención a cuatro padecimientos: el cáncer de esófago y trasplantes de hígado, corazón y pulmón, los cuales cuestan entre 2 millones y 4 millones de pesos en hospitales particulares.

Quiso refrescar la memoria de lo que su gobierno ha hecho: “Se olvida que, gracias a las reformas, entre otros beneficios, por ejemplo, en telecomunicaciones, dejó de haber larga distancia. Se nos olvida que antes había que pagar por la larga distancia para hablar de un lugar a otro. Hoy ya no se cobra”, casi reprochó.

“Se nos olvida que los costos de la telefonía celular han bajado. Se nos olvida que, gracias a esa reforma, hoy la conectividad y los servicios de internet se han extendido y van a seguir creciendo”, añadió.

Y es que la ciudadanía vuelve también a votar por el mismo partido cuando éste se convierte en un buen gobierno; de lo contrario, castiga.

Héctor Astudillo contribuye además a crear condiciones políticas para posicionar a su partido y a Meade por la forma entregada en que gobierna, no obstante el problema de la inseguridad, que lo es de todo el país.

La población observa a un gobernante que no está cruzado de brazos, y que hace todo lo que tiene a su alcance, en el ámbito de sus responsabilidades, contra la delincuencia convertida en un monstruo, al que no se le alcanza a ver cola ni cabeza.

Esa será seguramente una de las razones por las que Peña Nieto ha visitado a Guerrero 36 veces, acompañándose de su gobernador.

Hubo mensajes persuasivos de Meade, pero faltó bombardearlos en Guerrero, desde el PRI de Huicochea, entre éstos la propuesta de un cambio de estrategia en el combate a la delincuencia organizada y los cárteles del narcotráfico: hay que ir por las armas y por el dinero de la drogas.

Y quizá en reciprocidad, hizo algo poco usual: junto con su esposa Juana Cuevas acudió al domicilio particular del gobernador Héctor Astudillo, quien acompañado por su esposa Mercedes Calvo, fue anfitrión de un convivio, que, de acuerdo con testigos, se desarrolló en un clima de camaradería. n

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