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Peña y AMLO, el mismo ADN

Escrito por  Ginés Sánchez Ene 30, 2018

Andrés Manuel López Obrador dijo que está dispuesto a fumar la pipa de la paz con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari y con Enrique Peña Nieto, de ganar la elección de julio de este año.

Los no pocos miles de partidarios más recalcitrantes y cegados de AMLO no entienden decisiones de ese tipo, ni otras, como la suma de la panista de tanto tiempo, Gabriela Cuevas, y algunos grandes empresarios, en el movimiento que el encabeza. Se olvidan esos seguidores, que rayan en el fanatismo y entienden la política desde puntos de vista de plano irreales, que López Obrador necesitará de “la mafia del poder” para poder gobernar. De ganar, tendrá un Congreso mayoritariamente en contra.

Por lo tanto, y dadas las tendencias abrumadoramente a su favor, ha comenzado una “operación cicatriz” desde ya con sus tradicionales adversarios; sería imposible para AMLO ejercer la Presidencia con las cámaras bloqueándolo en todo, eventualmente ni siquiera aprobándole el presupuesto público anual; ni tampoco con un sector privado nervioso aún por la falsa imagen que las campañas negras, que en otros años surtieron tan dañino efecto.

“Tan idealistas como sea posible; tan pragmáticos como sea necesario”, es una frase sabia, atribuida a Andrés Manuel, y en estas fechas, más que nunca, tiene que aplicarla, sabiendo reconocer y distinguir lo mejor posible los límites de ese pragmatismo indispensable.

Resulta revelador, también, que en su discurso contra una cacería de brujas no haya incluido nunca a los ex presidentes emanados del PAN, Vicente Fox y Felipe Calderón, y no hay necesidad de hacerlo; esos dos, en los hechos, están por completo fuera ya del Partido Acción Nacional, y ellos sí estarían más vulnerables a que se les haga pagar por el enorme daño que causaron a México de 2000 a 2012, donde, entre otras cosas, se relegó a la política a un segundo plano, se cayó en un pasmoso estancamiento, cuando no en severos retrocesos, y se subordinó al Estado a los llamados poderes fácticos.

Al presidente Enrique Peña Nieto no se le perseguirá, por las razones antes expuestas y por la no tan irrelevante de que ambos, EPN y AMLO, tienen un ADN priísta, y comparten muchos de los mismos códigos no escritos, y uno de ellos es que el presidente entrante no persigue al saliente, y ese mecanismo operaría en la administración pejista, lógica en la que no entran los mencionados Fox y Calderón, por no tener origen tricolor, además de ni siquiera tener ya la red de protección del PAN, su partido, que se reconfigurará sin esos dos señores, que, en los hechos, llevan años trabajando para el PRI, pero sin ser miembros de este instituto político, por lo cual están en un muy incierto limbo de indefinición y filiación política.

Un fuerte reacomodo también vivirá el PRI, donde los tecnócratas quedarán marginados por completo; paradójicamente, al ganar Meade la candidatura tricolor, los tecnócratas firmaron su sentencia; han sido vencidos por los políticos, y ahora sí de manera prácticamente definitiva, de modo que con Meade se van a la banca, usando la jerga futbolística, y a engrosar muy posiblemente las filas de la iniciativa privada.

No hay que olvidar tampoco que en el actual sexenio, de Enrique Peña Nieto, López Obrador pudo cristalizar su movimiento en un partido político, sin resistencia alguna del gobierno, y también que gracias a la misma administración peñanietista, AMLO recibirá un país que, gracias a las reformas estructurales, tendrá un mayor margen de maniobra, todo por los nuevos marcos jurídicos, de los que Andrés Manuel sabrá sacar máximo provecho, encuadrando lo que más convenga en su proyecto de nación. n