Intrigas palaciegas

Escrito por  Ginés Sánchez Ene 16, 2018

El ya a todas luces público pacto entre Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón data de 2006, cuando el primero operó, desde el estado de México en favor del segundo para transferirle cerca de medio millon de votos, con los cuales, dado el estrecho margen con el que, mediante una campaña basada fundamentalmente en infundir miedo irracional al electorado, ganó el panista. Ya en 2012 y como Presidente, le tocó pagar los buenos oficios al ya por esos días candidato presidencial, y lo hizo básicamente haciendo naufragar la campaña de la abanderada de su partido, el blanquiazul, Josefina Vázquez Mota, con o sin su anuencia, no lo sabemos; lo cierto es que el año pasado, ella pareció muy contenta al prestarse para otra vez ser enviada a una candidatura de sacrificio, esta vez a la entidad mexiquense; sin duda, el “ganar perdiendo” se ha convertido en Mexico y su fallida democracia en un muy lucrativo negocio.

El amasiato, el cual documenta el periodista Álvaro Delgado en el libro del mismo nombre, no quedó ahí, en el pago de Calderón a Peña, sino en un muy ambicioso y costoso plan transexenal, que originalmente incluía a Margarita Zavala como candidata del PAN.

La estrategia cambió, dada la imposibilidad de dicha candidatura, y ahora su papel consiste en tratar de dividir el voto opositor al PRI (lease pro-AMLO), mediante la inclusion en la boleta de la señora Zavala de Calderón por la via independiente. Este plan ahora incluye a un candidato en el PRI que no sólo no es priísta, por primera e inusitada vez en la historia de México, sino mucho más identificado con el PAN y el languideciente, pero vivo aún calderonismo, y al cual no es imposible que incluso doña Margarita, llegado el momento y las circunstancias, decline a su favor.

Lo que muy pocos en la administración EPN no han advertido o querido advertir, o de plano el Presidente no ha tomado en cuenta, son los altisimos costos que este oscuro pacto tiene, ya no sólo para el pais, sino principalmente para la imagen del mismo presidente Peña, porque este mismo acuerdo parece no limitarse a todo lo anteriormente expuesto, sino en que Peña Nieto ha evitado mencionar en su discurso, en descargo a su gestión, referencias a temas tan delicados como que la brutal violencia generada en el sexenio de Calderón, gracias a su absurda, inútil y perdida guerra, y que acabó con casi ocho decadas de paz social en Mexico, fue heredada por él, y ahora carga con practicamente toda la culpa a los ojos de los mexicanos (de muy corta memoria, no está de más decirlo).

Y no sólo eso, sino otros lastres que a Peña igualmente fueron legados de los 12 años perdidos, en no pocos aspectos, en los que el PAN gobernó, como la dilapidación y el pésimo uso de la mayor bonanza petrolera de todos los tiempos, el clima de impunidad generado en esos gobiernos, y que dieron, en no poca medida, origen a personajes como los ex gobernadores hoy presos o en proceso, el nulo oficio político para generar acuerdos, que si se lograron en el actual sexenio, e incluso la torpeza de no poder siquiera construir un aeropuerto, algo que no requería de la aprobacion del Congreso, pretexto al que todo panista recurre para justificar la ineptitud y falta de liderazgo de esos tristes años.

En fin, no es que el gobierno encabezado por Peña Nieto sea y haya sido ejemplar, pero sí está cargando con una losa mucho más pesada que la que debiera cargar ante los ojos de la opinión pública, y todo en gran medida por la decision de Peña Nieto de no tocar en su discurso ni con el pétalo de una rosa a sus dos predecesores, lo que se hacía como una regla no escrita en los tiempos del PRI/partido de Estado entre correligionarios, presidentes y ex presidentes; habia que “romper para estabilizar”, y se empezaba desde la misma campaña, todo eso en una más que pésima política de comunicación social, de la cual su propia popularidad y la de su partido son ya las principales víctimas. n