El PRI, hacia el desastre

Escrito por  Ginés Sánchez Ene 02, 2018

Las realidades políticas de 1994 y las coyunturas de una época y otra son muy distintas, pero existe una gran similitud en los efectos que causaron, a la postre, en la malograda campaña de Luis Donaldo Colosio, el levantamiento armado del primer día de aquel año en Chiapas, y las filtraciones a la prensa junto con las declaraciones de un ex funcionario detenido del gobierno de Chihuahua, y que son las escandalosas triangulaciones de recursos para las campañas de 2016 hacia el PRI, por la vía, por lógica elemental, de la SHCP; esquema que, con toda seguridad, fue replicado en los demás estados gobernados por el tricolor, donde la única diferencia es que se carece de las pruebas.

En este caso, el cargo que ocupaba en el gabinete el hoy precandidato José Antonio Meade es la clave de todo, hecho que lo vuelve el más vulnerable y débil. Lo anterior, sumado al obvio, pero callado malestar priísta por la imposición de un candidato presidencial ajeno a sus filas, algo inconcebible para las tradiciones del partido en el poder, visto incluso por algunos militantes como una blasfemia.

Respecto a dichos desvíos, destinados a las campañas a gobernador de ese año, sencillamente sólo hay dos opciones: o el entonces ministro de Hacienda Meade es un estúpido sin criterio y sólo siguió órdenes del presidente y de su protector e impulsor, Luis Videgaray, cosa poco menos que improbable, o que fue tapadera y cómplice de todo el entramado, que de por sí no lo fue sólo de eso, en sus dos gestiones al frente de esa cartera, una con Enrique Peña Nieto y otra con Felipe Calderón, porque cuando se cometió toda clase de abusos y latrocinios, indefectiblemente, él tuvo conocimiento.

Así, que ante los ya nacientes rumores de un cambio de candidato, como los llegó a haber en 1994, antes del bestial asesinato del candidato Luis Donaldo Colosio, la única manera en que el PRI puede tener un papel decorosamente competitivo en el cercanísimo 2018 es un cambio de candidato. El actual no lo es aún formalmente, pues para efectos legales aún es un precandidato.

Si se sostiene al personaje insostenible, por todos los motivos anteriormente expuestos, y porque sencillamente también, y por si fuera poco, ni él ni su coordinador de campaña, Aurelio Nuño, están hechos para esas faenas, el PRI está encaminado a un desastre electoral presidencial aun mayor que el de 2006 con Roberto Madrazo como abanderado, así eche a andar todo su aparato y todo el peso del Estado mexicano en el proceso electoral, como ya de hecho está ocurriendo.

El presidente Peña Nieto tuvo uno de los peores errores de su sexenio al inclinarse por Meade, y la cada día más evidente complicidad, expuesta en el libro El Amasiato, del periodista Álvaro Delgado, con Felipe Calderón, está resultado demasiado cara ya al país. Ese proyecto transexenal y bodrio prianista no prosperará por otra administración más. Pero pasa que sus impulsores sencillamente no entienden que no entienden. n