Recuerdan nacimiento de La Barca, constituida tras tromba - La Jornada Guerrero
Usted está aquí: domingo 3 de enero de 2010 Regiones Recuerdan nacimiento de La Barca, constituida tras tromba

Lugareños consiguen apoyo luego de un año de solicitudes ante la Federación y estado Son 240 viviendas enclavadas entre cerros y bosques de encino en La Montaña

Recuerdan nacimiento de La Barca, constituida tras tromba

JESÚS RODRÍGUEZ MONTES ( Corresponsal)

La nueva comunidad La Barca de la región de La Montaña
La nueva comunidad La Barca de la región de La Montaña Foto: FOTO JESÚS RODRÍGUEZ MONTES

Cochoapa el Grande, 2 de enero. Desde lo alto de una loma en el territorio de Cochoapa el Grande, donde a fuerza de maquinaria pesada se incrustó el camino pavimentado que es la carretera Tlapa-Metlatónoc, el pueblo de La Barca se observa como una maqueta de casitas blancas, muy pequeñitas, rodeada de cerros y bosques de pino y encino.

Ahí habitan 240 familias na savi que el 25 de septiembre de 2003 lo perdieron casi todo cuando en la que antes era su comunidad, San Rafael –otrora perteneciente al municipio de Metlatónoc–, a las 5 de la mañana azotó una tromba que despertó a todos. Más de 200 chozas de adobe cedieron a la tempestad y quedaron con paredes cuarteadas, a punto del colapso; otras, definitivamente inhabitables.

Durante meses, las familias cuyas viviendas fueron las más afectadas, se refugiaron en la cancha de basquetbol, a la intemperie, y otros en las casas de vecinos más afortunados que no sufrieron la misma suerte del colapso en sus chozas.

El pueblo de La Barca resulta un pueblo muy peculiar, con una historia única entre los pueblos pobres de lo más alejado de La Montaña de Guerrero: siendo ésta una zona de territorios sinuosos, de caminos bruscos de tierra, con pronunciadas pendientes donde se han establecido los indígenas en chozas, conformando pueblos que al final resultan zonas de alto riesgo, La Barca es la única localidad de la que se sabe que, a punta de gestiones y presiones ante autoridades estatales y federales, hizo valer su demanda de reubicación, que para el gobierno representó invertir más de 11 millones de pesos, canalizados a la construcción de las 246 casitas de concreto, de 20 metros cuadrados, extendidas en filas paralelas, que ahora lucen como una maqueta entre La Montaña, paisaje inusual para los pueblos de la región.

En septiembre de 2003, San Rafael era una comunidad na savi pobre del municipio de Metlatónoc –antes de que se le escindiera Cochoapa el Grande–, con altísimos niveles de desnutrición, analfabetismo, desempleo, con mucha marginación y además, debido a la lluvia que asoló con fuerza la madrugada del día 25 de ese mes, era también un pueblo devastado.

Fueron muchos los daños en comparación con el nivel de respuesta de las autoridades ante el siniestro. Para amainar los estragos, tuvieron que pasar más de ocho días para que los indígenas obtuvieran los primeros apoyos que consistieron en paquetes de cobijas, láminas, despensas y la visita de geólogos que diagnosticarían el terreno, recuerda ahora, en entrevista, Paulino Díaz Díaz, quien fue comisario en ese periodo y encabezó las gestiones para la reubicación.

Narra que cuando cayó la tromba, lo primero que hicieron fue enviar oficios al gobernador René Juárez Cisneros y al Congreso local. También una copia para el presidente de la República, Vicente Fox Quezada. Además de los primeros magros apoyos, los indígenas recibieron un diagnóstico de la Dirección Estatal de Protección Civil y del Centro Nacional de Prevensión de Desastres (Cenapred) donde advertían que prácticamente en todo el suelo de la comunidad había problemas de inestabilidad, que por las lluvias aparecieron un “sinnúmero” de nacimientos de agua, que el pueblo se ubica en una de las regiones del país con mayor actividad sísmica, y que el riesgo para los pobladores era latente.

Luego de muchas gestiones, en noviembre de 2003, los indígenas logran inscribirse en un programa de la Secretaría de Desarrollo Social para restaurar sus viviendas, mediante el cual en combinación de recursos, el gobierno estatal y federal aportarían 11 millones 734 mil pesos. Seis meses después de haberse signado la ejecución del programa para los damnificados, los indígenas no tenían noticias sobre la construcción de las nuevas viviendas.

Díaz recuerda que ante la apatía de las autoridades, los indígenas, con auxilio de abogados del Centro Tlachinollan, el 21 de julio de 2004 solicitaron la intervención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que les otorgó medidas de protección e instó al gobierno mexicano a agilizar los trámites de reubicación en virtud de que se violaba el derecho a una vivienda digna. Sólo de esa manera –considera el indígena–, más de un año después del siniestro, es que finalmente las autoridades liberan los recursos y empiezan los primeros trabajos de reubicación.

Las 240 familias de San Rafael que resultaron con mayores afectaciones fueron reubicadas en un nuevo pueblo, al que nombraron La Barca. Paulino Díaz es ahora el principal de la comunidad. Recuerda que se optó por nombrar así al pueblo porque consideran que al igual que ocurrió con la historia de El Arca de Noé, los na savi de La Barca son sobrevivientes de un diluvio como nunca antes se había manifestado en la región.La comunidad de Cochoapa el Grande cobija a los sobrevivientes del tormenta de 2003

 
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