No ha existido una tradición que sustente el trabajo de la mujer, asegura. La compositora estrenará hoy por la noche Oikabeth, en un concierto con la Orquesta Filármónica de Acapulco
En la música ha predominado el discurso machista
La musicóloga, compositora y promotora cultural Leticia Armijo, tiene una visión clara de la equidad de género en el ámbito musical: tanto en los mecenazgos, como en las composiciones en sí, a lo largo de los siglos la batalla la ha ganado la vertiente machista, mientras que a lo femenino y las mujeres se les ha hecho a un lado. Con sus composiciones, Armijo ofrece una alternativa de lucha feminista, que pasa por la militancia y la formación de grupos hasta la composición con nuevos esquemas de orquestación.
–¿Cuál es la perspectiva de las mujeres que hacen música en México y que están en este movimiento y se les empieza a reconocer su trabajo?
–Uno de los grandes problemas a lo largo de la historia de la música es que no ha existido una tradición que sustente nuestro trabajo. Han existido mecenazgos para los compositores a lo largo de la historia de la música, situación que no existía con nosotras.
Una alternativa, apreció la doctorante en musicología “es crear esos mecenazgos en la actualidad, porque realmente la música de las mujeres ha sido rescatada en el siglo pasado a partir de los años 70”.
Aunque la música creada por mujeres existe “desde tiempos inmemoriales”, según la investigadora, en México “tenemos un retraso y rezago histórico en cuanto a su conocimiento”. Citó como ejemplo el de la princesa Enheduanna, que dejó testigo de sus composiciones en tablas de terracota. Asismismo habló de Clara Schuman, Alma Mahler, y la mexicana María Teresa Prieto, quienes “no sólo escribieron obras en pequeño, sino en grandes formatos de orquesta”.
La inexistencia histórica de las mujeres en la música, planteó la investigadora en entrevista para La Jornada Guerrero, se debe principalmente a que la misma fue escrita por hombres, además de que el rol impuesto al género femenino propiciaba “que la carrera de música fuera vedada: tal vez ser la madonna o la arpista, la cantante, era bien visto, pero ser una trombonista o compositora, ya no digamos directora, había un problema”.
La creación de mecenazgos para el apoyo del sector femenino, es importante, subrayó. Un ejemplo, dijo, es la creación de la sociedad Filarmónica y Filantrópica de Mujeres en la Música y el Arte, que lleva el nombre de la fallecida directora de orquesta Isabel Mayagoitia Gil, a través de la cual “hemos dado becas a las compositoras para que realicen sus obras”.
El estreno de Oikabeth
Hoy por la noche, la Orquesta Filarmónica de Acapulco estrenará Oikabeth, reducción de Olin Iris pan Katuntah Bebeza Thot, que en maya significa Movimiento de mujeres guerreras que abren caminos y esparcen flores.
Armijo compuso esta obra a petición de la Sociedad de Autores y Compositores de México porque celebraba su 20 aniversario.
–Hay un trasfondo político en el rescate de la equidad entre hombres y mujeres, llama la atención el título de la obra.
–En el año de 78 y 79 estábamos en las calles con unas antorchas. El chofer del embajador de la India violó a una de nuestras compañeras, la quemó con cigarros, le arrancó pedazos de piel, y nosotras hicimos la primera campaña en contra de la violación. Eramos 50 locas en Paseo de la Reforma repudiendo la violación. Ahora las marchas son multitudinarias. Esta obra es un homenaje a esas mujeres que construimos una sociedad distinta.
En cuanto a la cuestión estética la propuesta de Armijo mediante Oikabeth es que no haya una lucha interna dentro de la obra entre temas y movimientos, “como en la estructura de la sonata”, donde hay una lucha entre los temas, un desarrollo y un final.
“Yo lo que quiero es retomar elementos personales, transparentes, que el público encuentre lugares comunes y accesibles y se sienta identificado con esta música”, comentó.
En esta obra que será tocada por primera vez, “pretendo que haya un amalgamiento de temas para proponer este equilibrio de las voces sin que una predomine sobre la otra, que no haya una lucha”.
En la plática, Leticia Armijo refirió las investigaciones de musicólogas feministas como Susan McClary que en sus estudios ejemplificó cómo en las composiciones de Beethoven, “es claro cómo el tema masculino es el fuerte y el femenino el débil; y como finalmente triunfa el masculino. Las cadencias femeninas son las débiles, las inacabadas”.
Agregó: “de alguna manera, desde la estructura musical hay elementos que reflejan el pensamiento social. Esta obra (Oikabeth), pretende una nueva estructura, y como temas recuperar un concepto de mexicanidad diferente”.
Ese concepto musical, según Armijo, rebasa lo simplemente mexicano para trascender a una cuestión latinoamericana: “lo que no está escrito de la música en latinoamérica es que nosotros vivimos un 1968, las inmigraciones chilenas, uruguayas, argentinas (por las dictaduras). Entonces sucede que nuestra música está impregnada de este nuevo concepto latinoamericano de integración”.
–Estrenar una obra como esta en un estado violento hacia las mujeres ¿qué significaciones tiene?
–Tiene un gran significado, porque las estructuras de los estados ya sea capitalista o comunista, ha cambiado, pero la condición de la mujer sigue igual. Esta obra en su primer movimiento es como una marcha, donde exigimos nuestros derechos y justicia social. Y la segunda parte es muy amorosa, como de pensar que la única forma de transformar esta sociedad es el amor y la compasión, como la capacidad de ponerte en los zapatos de la otra persona y comprender qué le está pasando.