Teotihuacán: una historia a través del barro - La Jornada Guerrero
Usted está aquí: lunes 16 de junio de 2008 Cultura Teotihuacán: una historia a través del barro

Teotihuacán: una historia a través del barro

FRANCISCO HERRERA Y MAURA L. ORTIZ*INVESTIGADOR DEL MUSEO REGIONAL DE GUERRERO *DIRECTORA DEL
 MUSEO REGIONAL DE GUERRERO.

Nada surge de la nada ni desaparece sin dejar huella. El origen, desarrollo, esplendor y ocaso de Teotihuacan sigue siendo un misterio; misterio que guardan celosamente los dioses mesoamericanos. No obstante, gracias a la memoria histórica, la perseverancia en la investigación y al desarrollo técnico-científico del hombre, ese misterio, esos misterios, poco a poco se van develando. Paradójico, pero cuanto más pasa el tiempo más y mejor conocemos el pasado.

El trabajo paciente y meticuloso de varias generaciones de arqueólogos ha permitido que hoy podamos tener en Chilpancingo la exposición temporal Teotihuacán: una historia a través del barro, muestra de piezas de cerámica manufacturadas a lo largo de mil años, desde el año 100 aC al 900 dC, desde los orígenes de esta cultura paradigmática hasta su declive y desaparición.

Historia de Teotihuacán cuyo hilo conductor es la elaboración de objetos de barro de diversas formas, diseños y usos; huellas materiales importantes, porque pueden comunicarnos parte de los avances culturales de los teotihuacanos y, en general, del México Antiguo. Barro moldeado por los artesanos para darle forma utilitaria, ritual o suntuaria: cajetes, vasos, floreros, jarras, cazuelas, efigies, palanganas, miniaturas y muchas otras formas más; vestigios convertidos hoy en elementos portadores de historia; piezas cuyos diseños y colores nos hablan de su evolución y las relaciones con otras culturas.

Con base en el estudio de la cerámica, los arqueólogos han identificado seis fases de desarrollo en Teotihuacán: La primera, Patlachique, refiere a los aportes culturales de Cuicuilco, Tlapacoya, Tlatilco y Ticomán, y a los inicios de los complejos procesos de urbanización y crecimiento poblacional que se dieron en el Valle de México. La segunda, Tzacualli, refleja que Teotihuacán llegó a ser el centro más importante no sólo del Valle de México sino de todo el Altiplano Central. La tercera, Miccaotli, indica que la Ciudad de los Dioses alcanzó su máxima extensión con un área de 22.5 km2 y aproximadamente 45 mil habitantes. En la cuarta fase, denominada Tlamimilolpa, se observa que la ciudad reduce ligeramente su extensión pero, en cambio, su población aumenta hasta los 65 mil habitantes, dándose un proceso de reacomodo de la población que los investigadores han nombrado como una “revolución urbana”. Quinta fase, Xolalpan, revela que Teotihuacán alcanza su apogeo, su máximo esplendor, y todo funciona relativamente bien. Sexta fase, Metepec, fase de estancamiento y declive, tanto de extensión como de población y de influencia y control sobre su territorio; ¿las razones?, no se conocen con precisión; los arqueólogos, con base en los datos, sugieren que el poder central se debilitó, cuestión relacionada con el movimiento de gente hacia el oriente de la ciudad.

El “colapso de Teotihuacán” sigue en discusión.

Hoy tenemos la oportunidad de conocer un poco más sobre la historia de Teotihuacán, a través de los resultados más recientes de la investigación arqueológica de su cerámica, de sus objetos elaborados con barro, piezas hoy convertidas en elementos portadores de aspectos importantes de la historia de la Ciudad de los Dioses, Teotihuacán, ciudad venerada por los aztecas.

 
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