La población necesita acceder a ciertos productos fuera de su alcance económico: Tadeco
La piratería: de la práctica del delito a su función social y cultural
En el centro de la ciudad, sobre las banquetas y regularmente en esquinas, se encuentran puestos improvisados que exhiben gran variedad de discos y películas piratas. Cada uno cuenta ya sea con un aparato de sonido o televisión para probar la mercancía a los clientes, y letreros que anuncian el costo del producto. “Desde el punto de vista de la aportación cultural –expresa Francisco Javier Monroy Hernández, coordinador del Taller de Desarrollo Comunitario, organización que vende discos y películas para financiar sus actividades–, la piratería puede tener una función social y lejos de ser una práctica ilegal, puede ser una práctica que contribuya a la información y al acceso a la cultura”.
En tanto, en uno de los puestos, un joven despachador afirma: “es como todo negocio, si existe es porque la gente tiene una necesidad y compra el producto, además, es más económico que un disco original que te cuesta muy caro y no todos tienen la posibilidad de comprarlo”.
Entre el repertorio de películas que se exhiben en algunos puestos se aprecian estrenos de cine como Imágenes del más allá, La misma luna, Elizabeth, Sin lugar para los débiles, la familia Savage, Jumper, Lujuría y traición, Una llamada perdida, 27 bodas, Juego de poder y El orfanato.
En cuanto a música se observen discos de cantantes como Yuridia, José José, los karkis, RBD, Yuri, Camila, Belanova, Paquita la del barrio, Caifanes, música de reguetón, banda, duranguense y boleros, entre otros.
Las personas que transitan por esas calles, se detienen a observar la mercancía y comprar el estreno de cine, mientras que la música de reguetón que sale de un aparato de sonido se mezcla con la voz de Alejandro Fernández que se escucha en el puesto siguiente.
Monroy Hernández expresó que la piratería es una práctica que se ha hecho necesaria en función de que hay elementos culturales que se generan y que no son accesibles a la población, “desde el punto de vista de la legislación se puede considerar que es un delito, desde el punto de vista de la necesidad cultural que tiene la población para tener acceso a ciertos productos culturales se ha hecho una práctica hasta cierto punto necesaria”. Ejemplificó que hay materiales impresos que tienen información valiosa pero que por su contenido no hay quién se interese en su reproducción, pero a través del fotocopiado se hace accsesible la información a la población.
Desde su experiencia, el joven vendedor mencionó que es más fuerte la venta de las películas de estreno que la de las de arte, documentales e incluso las pornográficas y discos musicales; “cuando es temporada de Semana Santa mi jefe compra películas cristianas y se venden muy bien, pero después de esas fechas ya no”, comentó.
Un tanto hermético, el vendedor aclaró que los vendedores que están en los puestos de piratería no son los dueños y que a ellos sólo se les contrata para vender el material. El pago que recibe éste joven es de 150 pesos diarios en un horario de 8 de la mañana a 8 de la noche.
Las ganancias que se obtienen a partir de ese negocio son mínimas, pues en un día ha llegado a vender hasta 400 pesos, por lo que consideró que “no es un buen negocio porque ha visto que los dueños luego salen poniendo” aseguró.
En cuanto a la ganancia que se obtiene de la piratería de arte y de protesta social, ésta es aún mínima respecto a la comercial. Algunas organizaciones sociales se ven en la necesidad de utilizar la piratería como una función didáctica, “por lo tanto no es una actividad lucrativa que permita financiar los gastos familiares” afirmó Monroy Hernández.
El artículo 424 del Código Penal establece que se impondrá prisión de seis años y de 300 a 3 mil días de multa a quien produzca, fabrique, importe, venda, almacene, transporte, distribuya o arriende obras protegidas por la Ley de Derecho de Autor en forma dolosa a escala comercial y sin autorización del titular de los derechos.