La Providencia, entre la pobreza y la angustia de sufrir “raras” enfermedades - La Jornada Guerrero
Usted está aquí: viernes 7 de diciembre de 2007 Sociedad La Providencia, entre la pobreza y la angustia de sufrir “raras” enfermedades

Niega el encargado del centro de Salud que se presente un brote epidémico

La Providencia, entre la pobreza y la angustia de sufrir “raras” enfermedades

En el pueblo donde vivió Juan Alvarez, y por donde pasó Juárez, surgen males inexplicables

ROBERTO RAMIREZ BRAVO, I

Faustino Lagunas Villa muestra las erupciones cutáneas, que se extienden por todo su cuerpo, y que le causan comezón y le impiden trabajar en el campo
Faustino Lagunas Villa muestra las erupciones cutáneas, que se extienden por todo su cuerpo, y que le causan comezón y le impiden trabajar en el campo Foto: ROBERTO RAMIREZ

A sus 65 años, Faustino Lagunas Villa dice que no recuerda haber sufrido una enfermedad semejante: “empezó con unos granos en el tobillo y una comezoncita, como de animalitos que están ahí, bajo la bolita negra que parece ojo de pescado. Es una comezón caliente, que al rascarme se me subió por las rodillas y ya me llegó hasta el pecho”.

Es uno de los casos que los habitantes de La Providencia, comunidad ubicada al norte de Acapulco, identifican como un brote epidémico, pero que el médico del centro de salud, Oscar Velasco González, desmiente tajante: “aquí no tenemos brotes de enfermedades, ese es un caso único”.

La realidad, sin embargo, tan terca, lo desmiente: sólo en la primaria Juan Alvarez hay cinco niños que presentan cuadros similares: unos con granos negros y comezón, otros con ronchas y piel escamada.

En esta comunidad histórica, donde vivió Juan Alvarez y estuvo de paso Benito Juárez, en los últimos cuatro años han surgido manifestaciones colectivas de varias enfermedades, como la varicela atípica, hace cuatro años; hepatitis, hace tres, y ahora de la piel. El problema, afirma el presidente del comisariado ejidal, Cutberto Vega Parra, podría estar en el consumo de agua que se distribuye directamente del río sin ningún tratamiento. O en los mosquitos, que abundan, según consideró la directora de la primaria, Carmela Ramírez Vega.

Lo cierto es que los enfermos tienen nombre y apellido. Por los adultos, están Faustino Lagunas, de 65 años, y Mauro González Barragán, de 75, quien no fue localizado porque había salido, pero según sus vecinos “está lleno” de pústulas, jiotes y ronchas.

Entre los niños están Maximiliano Delgadillo Ramírez, de 6 años; Celeste Janet Vargas Naves, de 15; Juan Pablo Ricar Ramírez, de 6; Abimael Jaimes, de 9, y Rutilo de Jesús Vargas Naves. Todos ellos muestran problemas en la piel. Juan Pablo, por ejemplo, tiene las manos escamadas en las palmas, y en el dorso unos granos negros, como bolitas escondidas en la epidermis. Celeste Janet y Rutilo son hermanos, y a ambos los atacó un cuadro de ronchas rojas con supuración que les duró un mes, y que en el centro de salud fue tratado con antimicóticos (medicina contra hongos), pero que sólo se empezó a retirar cuando le fue diagnosticada una infección bacteriana, según recuerda el ex diputado Rómulo Reza Hurtado, quien ha gestionado ayuda para los habitantes del lugar.

Abimael Jaimes, quien a sus 9 años trabaja en el campo con sus padres, muestra las huellas de unas lesiones en forma de ruedas blancas, ya secas, por todo el cuerpo. Cree, según afirma, que las escoriaciones fueron causadas por una planta, pero su maestra advierte que él no está capacitado para emitir un diagnóstico, y pide que el sector salud investigue qué pasa en la población.

Faustino Lagunas es uno de los que mayores efectos han sufrido. Sus problemas comenzaron por una comezón leve, luego surgieron los granos, pequeños primero, y cuando empezó a rascarlos “¡puf!, se extendieron”. En el centro de salud, afirma, no le dieron tratamiento y creó su propio remedio, con una pomada de Vaporub, alcanfor y azufre, pero tampoco tiene ningún resultado. Pronto cumplirá un mes con el problema.

“Ya no puedo trabajar, porque por las noches me agarra una picazón y el sol me hace mal; ya no duermo con mi mujer, porque el médico dijo que podría ser contagioso”, explica.

Cutberto Vega, el presidente del comisariado ejidal, relató que además del brote está el problema de que el encargado del centro de salud no trabaja como debe ser, pues sólo mantiene abierto el módulo de martes a jueves. El viernes ya no se presenta, ni tampoco el lunes, y aunque afirmó que se ha solicitado a la dirección municipal de Salud una investigación no hay ninguna respuesta.

También, explica por otra parte la directora de la primaria, este año se incrementó la presencia de los mosquitos, pero no hay fumigación, incluso, quienes van a fumigar lo hacen sólo si se les paga, y afirmó que si no ha brotado el dengue es más por una casualidad que por un trabajo real de prevención.

A su vez, el encargado del centro de salud, Oscar Velasco, afirmó que un comité hace la vigilancia permanente de las enfermedades que pueden surgir pero, explicó, algunos vecinos tienen servicio de IMSS o ISSSTE, y, por tanto, no acuden al módulo y no se lleva un registro completo de los casos.

En La Providencia viven oficialmente 985 habitantes, pero tanto el comisariado, como el secretario del comité de agua potable, Roberto Rodríguez Parra, y el presidente del Consejo de Vigilancia, Rosalío Guzmán Dorantes, coinciden en que por lo menos debe haber unos mil 500 pobladores.

Colindante con los municipios de Coyuca de Benítez y de Chilpancingo, por la parte de la sierra, la población enfrenta además otros problemas, como la falta de un sistema de drenaje, la deforestación de la zona y los asaltos, que se producen como resultado de ser una población de paso. Aunque es una comunidad con su calle principal pavimentada, las huellas de la cría de ganado se encuentran en todas partes, incluso atrás de la escuela, donde hay un establo, o en las cercanías del río, donde pastan las vacas y dejan las plastas de sus excrementos, que al secarse, el viento esparce por toda la comunidad.

 
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