El guitarrista hechizó a los asistentes; su número se adelanto para sorpresa de éstos
Se presenta en La Nao el músico español José Antonio Rodríguez
Aunque cansado, continúa la respuesta positiva del público hacia el festival cultural
La guitarra de José Antonio Rodríguez emite acordes que recuerdan los dolores más profundos del alma. Más allá del romance guitarra-guitarrista, la pasión que despiertan las notas de Rodríguez lleva a los escuchas a remover sus interiores: se manifiesta en el rostro constreñido de algunos, y en el casi llanto de otros, durante el concierto que ofrece en la explanada del Fuerte de San Diego.
Es jueves por la noche, el guitarrista comenzó a rascarle a su instrumento, ante la incógnita de quienes esperaban al ballet folclórico Citlali, y con la ignorancia de quienes aún no llegaban porque el concierto fue anunciado para las 20 horas, y empezó una hora antes.
Con todo y los cambios, el músico español relató sin enfado que hace tres años vino a Acapulco e interpretó un programa distinto al de ayer.
La luz bajó de intensidad y se posó en José Antonio. De camisa blanca, zapatos y pantalón negros, el artista vivió en cada pieza un nacimiento y una muerte: sube el hombro, inclina la cabeza en un espasmo que parece venir de las notas de la guitarra; frunce el ceño.
José Antonio se ha presentado en foros de varias partes del mundo, en muchos junto a Astor Piazzola y Paco de Lucía. Algunos críticos lo consideran el sucesor éste.
Cuando tenía 20 años se convirtió en el maestro más joven en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba en su especialidad.
Y durante el concierto de ayer se entregó al público de Acapulco, aunque por el cambio en el horario de su presentación privó a muchos de escuchar sus melodías.
Entre una interpretación y otra, él afina la guitarra mientras su compañero Francisco Javier Gallardo lo observa quedo; los dos intercambian algunas palabras en un diálogo íntimo. Parece que están los dos solos en el escenario.
Se escuchan los acordes con la innegable influencia morisca, acordes flamencos que a la vez influenciaron al son tradicional veracruzano y huasteco.
Franscisco Gallardo toca un poco más serio, más sobrio tal vez. Posteriormente se une Agustín Díaz en las percusiones, compuestas por un cajón de tapeo, un pequeño pandero y un platillo.
A dos días del cierre del festival La Nao el público parece cansado, pero sigue asistiendo a las actividades.
El recinto se fue llenando poco a poco con la gente que venía de otros escenarios del festival. Lo cierto es que desde las filas de enmedio se ve y se escucha mejor, aunque también se oyen con más fuerza los teléfonos celulares y los llantos y algunos gritos de niños pequeños.
La música de José Rodríguez llegó a Acapulco para evocar cuerpos en movimientos sensuales, al ritmo del viento y de las olas del mar. El compás es armónico y enérgico, pero a la vez suave.
El repertorio estuvo compuesto por Guad el Kebir, A Cobitos o Solea, Por la ribera del tiempo, A Soler, Arcano, Paisaje y Manhattan de la frontera.