La ofrenda, tradición que se niega a morir a pesar del aumento de precios - La Jornada Guerrero
Usted está aquí: viernes 2 de noviembre de 2007 Sociedad La ofrenda, tradición que se niega a morir a pesar del aumento de precios

Se necesitan de $200 a 800 para montar un altar de muertos

La ofrenda, tradición que se niega a morir a pesar del aumento de precios

CITLAL GILES SANCHEZ

Colocar un ofrenda para recordar a los seres que se adelantaron en el camino, en estos días, resulta costoso, pues a pesar de que los precios casi no se elevaron en esta temporada, la economía de la población hace más difícil la celebración a los muertos con el tradicional altar.

Desde los últimos días de octubre, las calles del mercado central se vistieron de color amarillo cempasúchil, flor tradicional y más importante en los altares de casas y panteones, así como de color violeta y rojo, por las flores llamadas terciopelo; en los pasillos del mercado se ven adornos de papel y de plástico de colores naranja, violeta y negro, tradicionales en estas fechas.

En un recorrido de La Jornada Guerrero por el mercado central, en la víspera del festejo del Día de Muertos, se observó que, a diferencia de otros años, el sitio no lució tan concurrido por los fieles ni por los vendedores, quienes consideraron que ha sido uno de los años con las ventas más bajas que han tenido.

Lo más vendido en estas fechas son la flor de cempasúchil, cuyo precio en todos los puestos es de 10 pesos el ramo, mismo que tuvieron la de terciopelo.

Entre los pasillos se observaba las ofertas en las veladoras, precios que iban desde los 3 pesos la más chica envuelta en papel, hasta los 20 la de vaso grande.

De acuerdo con la señora Angela Barrientos, vendedora de velas, en estas fechas el precio se incrementó entre 2 y 3 pesos, y aunque dijo que no fue mucho, muy poca gente compra velas de vaso: “casi no hay nada de ventas, a la gente no le gusta los precios de las veladoras, porque están muy caras y no las compran”.

El pan de muerto, aunque es la única fecha en que se vende, sí incrementó su precio con relación al año pasado, pues costó 2 pesos más. Con diversidad de tamaños, figuras y decorados, los precios fluctuaban entre los 3 pesos la pieza más pequeña, hasta 30 la más grande.

Para el señor José Flores, la venta de pan de muerto en esta temporada fue baja, pues “hay mucha competencia en las grandes tiendas”. Además, dijo, “la crisis económica golpeó muy fuerte”.

Como ya es costumbre, en las ofrendas y altares se colocan dulces en forma de calaveras de coco, chile, chocolate y azúcar, ataúdes, coronas, de diferentes precios, desde un peso hasta 15 la calaverita más grande.

El costo de un altar, sea en la casa o en el panteón, varía según el tamaño y los adornos, aunque por muy sencilla que sea la ofrenda se gasta mínimo 200 pesos, pues fue lo que ocupó la señora Cristina Díaz en la compra para su altar.

En su lista se incluuyeron 30 pesos de tres rollos de flores de cempasúchil; 45 por tres piezas de pan de muerto; 14 por dos velas; 20 por cuatro calaveritas y 100 para colocar un platillo de mole, arroz, pollo y un pedazo de calabaza en piloncillo, que era uno de los platillos favoritos de su padre.

En contraste con la compra de la señora Araceli Buendía, quien dijo que gastó 800 pesos para su altar: “es caro porque yo lo adorno con papel china, coloco frutas, dulces de calaveras, muchas flores y veladoras además de que pongo un altar en el panteón, también pongo uno en la casa, por eso me gasto mucho, pero es por nuestros muertitos”.

Para la señora María del Carmen Salas le resultó todo “carísimo” las flores, las veladoras, los dulces, “todo aumentó de precio, creo que el doble, las veladoras están carísimas, según venimos al mercado central porque es más barato, pero salió peor”, se quejó.

De plano, para la señora Blanca Morales su presupuesto no le alcanzó para comprar veladoras de vidrio, y que comprar las de papel, por ser más económicas.

Una tradición resiste

A pesar de que los pasillos del mercado central lucieron más los adornos y disfraces de diablos, murciélagos, vampiros, brujas, fantasmas y calabazas, la tradición mexicana de celebrar con ofrendas a los muertos, se resiste a morir, suplantada por la mercadotecnia estadunidense de la noche de brujas o Halloween.

Según Arnulfo Ramírez, quien es vendedor de disfraces y máscaras, pero que también comercializa los dulces para las ofrendas, destacó que aún se venden más los productos para los altares, y aunque salen muy bien los disfraces y máscaras del Halloween, “ha sido menos su venta, las personas vienen más para comprar para sus ofrendas, y ya las máscaras y adornos de brujas los compran para adornar los restaurantes o las discos”.

De igual forma, el señor Bonifacio López, quien también expende desde adornos de telarañas, hasta brujas con sonido tétrico y luminosas, admitió que sí se venden los productos del Halloween, pero “no es tanto, como que aún tenemos arraigadas muestras costumbres y tradiciones”.

De acuerdo con algunas páginas de Internet, el halloween proviene de la cultura céltica, en Gran Bretaña, pero que es festejada principalmente en Estados Unidos. Sus orígenes se remontan a hace más de 2 mil 500 años, cuando el año celta terminaba al final del verano, precisamente el 31 de octubre de nuestro calendario.

El ganado era llevado de los prados a los establos para el invierno, pues el último día, se tenía la creencia que los espíritus podían salir de los cementerios y apoderarse de los cuerpos de los vivos para resucitar. Para evitarlo, los poblados celtas ensuciaban las casas y las decoraban con huesos, calaveras y cosas desagradables, con el propósito de ahuyentar a los muertos. De ahí viene la tradición de decorar con máscaras de diablos y brujas las casas en la víspera de Todos los Santos.

 
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