El Costeño sin cesura - La Jornada Guerrero
Usted está aquí: sábado 4 de agosto de 2007 Sociedad El Costeño sin cesura

Una conversación salpicada de risas y tristezas, con el personaje salido de la picardía guerrerense

El Costeño sin cesura

EDGAR NERI QUEVEDO

Jesús Carranza El Costeño
Jesús Carranza El Costeño Foto: LA JORNADA GUERRERO

El carnaval del mundo engaña tanto; que la vida son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.

Juan de Dios Peza

Durante dos noches, momentos antes de que se presentara en un hotel del puerto, conversé con Ricardo Javier Carranza Gasca sobre su trayectoria, su familia y otros temas. Debo advertir al lector que buscando al artista descubrí al hombre, buscando al hijo descubrí al padre, porque El Costeño, ese extraordinario personaje que alegra la televisión nacional, es producto de muchas circunstancias, entre las que destaca una figura paterna dedicada al oficio, sublime por cierto, de la ventriloquía. Vayamos a esta conversación salpicada de risas, llanto, tristeza y alegría.

La infancia, el destino

Nací en octubre de 1973 en el Seguro Social viejo, en avenida Cuauhtémoc. Mi padre era de Jojutla, Morelos. Mi madre es de Irapuato. Ellos se conocieron en la ciudad de México, se casaron muy chavitos, y como mi abuela paterna radicaba en Acapulco, en el barrio del Comino, se vinieron para acá.

Como mi padre era cerrajero puso la cerrajería Carranza. Por aquel entonces no había en el puerto más que dos cerrajerías: la Carranza y la Trani, así que tenía mucho trabajo. A la par de ello mi padre, Benigno Venustiano Carranza, era ventrílocuo. Se presentaba en diversos lugares aunque nunca supo cobrar. En ese tiempo era muy famoso Paco Miller con sus personajes Marraqueta y don Roque, y mi padre lo admiraba, tenía su calavera que se llamaba Cuca y un muñeco que se llamaba don Tilo. Él murió en 1981 en un accidente en Iguala. Lo recuerdo poco, nunca hizo dinero y nos dejó en la miseria.

Tuve una infancia miserable, con muchas carencias. Vivimos en muchos lugares del puerto. Incluso en un local comercial que estaba en la Calle 13 frente a la escuela Juan R. Escudero. Dormíamos con la cortina apenas levantada para que entrara el aire, entonces ya te imaginarás cómo era nuestra vida.

A la muerte de mi padre vivimos de la caridad de los amigos, hasta que mi madre, Socorro Gasca, empezó a vender fayuquita, pequeños juguetes, llaveros y perfumes. Siempre le quedaban a deber y el negocio iba para atrás.

Un amigo de mi padre ayudó para que mi madre trabajara como camarista en el hotel Club del Sol. Ahí estuvo hasta hace como ocho o diez años. La liquidaron con 10 mil pesos, después de que ella dejara parte de su existencia en ese arduo trabajo, durante 18 años. La Sección 20 se vendió, el secretario general era Luis López.

La trayectoria

Hubiera querido ser médico o carpintero, eso me hubiera encantado. Estudié hasta el primer año de preparatoria.

A los doce años tuve mi primer trabajo, en 1984 u 85. No lo hice por dinero sino por gusto. Tiempo después me presenté con Jesús Colín, de la ANDA, y le pedí trabajo pero no me lo dio. Jamás volví a buscarlo. Sin embargo, como dejé mi teléfono, un día me llamó Rolando Pimentel, me dijo que fue amigo de mi papá y me ofreció trabajar con el Mago Shamad en una escuela primaria por Tres Palos. Tenía catorce años y recibí 20 pesos, mismos que entregué a mi mamá.

Rolando Pimentel me ofreció trabajar gratuitamente en el Parque Papagayo, para foguearme. Ahí estuve durante una década, de 1988 hasta 1998.

En el Papagayo conocí a un gran personaje Juan Carlos Figueroa, al que un amigo le puso Charly Buenrostro. Por aquel tiempo también me presentaba en la televisión local, en RTG, gracias a un gran amigo, Ricardo López.

Gerardo Escárcega es el primer chilango que conocí con talento. Me anima a vivir en la ciudad de México. Viví en una vecindad cercana al metro Popotla durante año y medio. Un día vine a Acapulco y ya no me regresé, dejé todo lo que tenía. Tiempo después fui a recoger mi ropa.

Pepe Ramos es uno de los pocos amigos de mi padre que me ayudó. Por él trabajé en El Reventón y el Bazooka en la calle Art. 127. Recuerdo que fui hasta gerente de un table dance, incluso me enrolé en una relación tormentosa con una bailarina. Llegué a trabajar en el Tívoli.

Siendo alcalde, Juan Salgado Tenorio me invitó a ser coordinador de Actividades Culturales. Me gané el repudio de los cultureros del puerto, porque criticaron mi nombramiento. Ganaba 800 pesos a la quincena, mismos que compartía con Manuel Maciel, quien me ayudaba en la organización de actividades debido a que conoce muy bien sobre el tema de la cultura. Entre los dos le pagábamos un sueldo que ya te imaginarás de cuánto era a quien es su esposa, Marisol Patiño, quien realizaba funciones de secretaria.

Tiempo después asumió la presidencia municipal Manuel Añorve y me pide la plaza. Dejé el puesto y abrí una oficina en avenida Cuauhtémoc. Comprábamos decenas de morrales de yute y pan de Chilapa, le poníamos con mi esposa pulpas y cocadas y se las entregaba a los artistas que llegaban al puerto con una tarjeta que decía: Soy Tlahuica Jr., no te pido más que ser tu amigo, estoy para servirte.

Un día Raúl Vale, que recibió uno de estos obsequios, me llamó. Le pedí que me permitiera ingresar a la Academia del Humor.

Arribo a Televisa

Por aquel entonces Carlos Eduardo Rico tenía tres secciones de cinco minutos en el programa Hoy. Me propuso que yo hiciera una de las secciones. Recuerdo que JorgeFalcón me dijo que no aceptara, mientras que Raúl Vale me dijo que era una muy buena oportunidad y que la aceptara sin dudarlo. Lo hice.

En 1997 buscaban un cómico para cerrar la Fiesta Grupera del Festival Acapulco, y me invitaron a participar. Sin dudarlo un instante acepté el reto y de ahí creo que fueron dándose las cosas.

De la misma manera que con Raúl Vale, Luis de Alba me llamó y me invitó a verlo. Lo mismo ocurrió con Jorge Ortiz de Pinedo. Luis de Alba me incluyó en su show, en una temporada en El Presidente, estuve 20 días con él.

El Costeño

A La Cigarra, que es un lugar donde estaba trabajando, llegó una noche Manuel Rodríguez Ajenjo, un escritor de Televisa. Fue cuatro noches seguidas, él hacía Ensalada de Locos y La Güereja, programas de mucho éxito en ese entonces. Me dijo: he estado cuatro noches observando tu trabajo pero no te veo nada de bueno, tienes una hora de show, y salvo quince minutos, el resto del tiempo no sirve. Me dijo que hiciera un personaje más propio, me sugirió a un lanchero y me dijo: Ahí te la dejo, con un lanchero te va a ir bien. Manuel Rodríguez Ajenjo es el padre del personaje.

Junto con mi cuñado Francisco Saucedo y Manuel Maciel trabajamos el personaje, lo estudiamos, me bajé a la playa a platicar con los lancheros. Quería que el personaje se llamara Eliodoro, pero Manuel insistió en que fuera Mariano, que es trópico sensual. Decidimos que se llamara Mariano. Creamos a Casiano, inspirado en Pepe Ramos y Johnny Montejo que son dos negros cercanos a mí maravillosos, con muchos regionalismos. Ellos fueron una gran influencia para hacer el personaje. Y por supuesto creamos a la esposa, a la Enedina.

Decido que sea un vendedor ambulante, Ricardo López me sugiere que fuera un peladito, que no es alguien vulgar sino desprotegido, sin nada de nada. Ahí empecé a definir al personaje con estos amigos que ahora refiero.

El personaje empieza a cuajar, conozco a un chavo que se llama Tico Mendoza, él se acerca y me dice que tenía muchas ganas de conocerme y me acerca a su vez con gente de la Costa Chica. Soy un hombre agradecido, eso lo aprendí de Luis de Alba, y por haberme acercado con esa gente le doy a Tico Mendoza el título de escritor. Sin que me escribiera nada. En alguna parte del camino me siento traicionado por él y con eso él inicia una serie de descalificaciones hacia mi persona y decido abandonar su amistad, ya que decía que él me había hecho y que todo el personaje se lo debía a él. He dejado correr las aguas para no darle importancia y ahí quedó este penoso asunto. Me voy haciendo más de lo que la gente me va dando al igual que Tico Mendoza, que ha asimilado todo lo de la Costa Chica. Tico es una persona muy simpática y graciosa, con un timing tremendo, pero de eso a que me haya dado el personaje hay una gran distancia.

A El Costeño lo presenté por primera vez en televisión hace ocho años, en el programa Todo se vale, al principio lo combiné con Tlahuica, aunque después fue quedándose más tiempo hasta que hizo el show solo. No estoy divorciado del Tlahuica, sigo siendo Tlahuica.

La fama

Una vez le pregunté a Carlos Eduardo Rico si la fama cambiaba a uno y me dijo que no, lo que cambiaba era la gente a nuestro alrededor, que nos trata diferente. La fama marea, debo reconocerlo, te lo juro por Dios que llega de pronto, sin esperarla. Al venir de donde vengo, pues he tenido que enfrentar muchas cosas.

Lo peor que me ha ocurrido es mi adicción a la droga, a la cocaína. Caí por curiosidad. Llegó solita en una noche de copas, por querer ser aceptado en un círculo de amigos. Empecé y no pude parar. Lo disimulé muy bien hasta que la mamá de mis hijos se dio cuenta. Estaba tan mal que un día mi proveedor me dijo: Mira, no me molesta que me hables en la madrugada para venir a venderte, pero Costeño, te admiro y te estás dando en la madre. Si eso te dice quien te vende la droga imagínate. Dejé la droga sin más ayuda que la que yo me procuré en ese momento. También tuve el vicio del cigarro pero lo dejé.

Cada noche, antes de salir al escenario pienso en mis hijos y en mi padre, me encomiendo a Dios y les dedico a ellos mi actuación. También a personas como Elías Acosta y José Luis El Romántico, viejos personajes acapulqueños con los que trabajé.

Generalmente no tomo, aunque aquí en Acapulco lo hago porque me siento querido. Tenía el vicio de tomar la copa donde me presentaba, pero un día Miguel Galván, que es otro de mis padres putativos, me dijo que no lo hiciera, que era la última vez que me apoyaba si tomaba donde me presentaba, que el lugar donde trabajo es bendito, que si quería me fuera a otros lugares pero que donde actuara no lo hiciera más. He seguido su consejo.

Antes hacía humor de manera muy rústica, decía muchas palabras obscenas. Ahora digo palabras obscenas a lo mejor pero no para ofender, no son con esa intención.

Yo al principio agarraba al gordo y lo acababa, o al señor acompañado de una joven. Alguna vez Héctor Vicario, siendo secretario de Finanzas, me amenazó y me dijo que si no me callaba él lo hacía porque no iba a seguir haciendo chistes de su gobernador.

Los políticos

Mi relación con los políticos ha sido muy accidentada. Los políticos no tienen amigos, tienen aliados. Un político que es mi cuate es René Juárez Cisneros, seguimos siendo amigos, soy amigo de sus hermanos, me acaba de hablar hace poco y me emocioné porque es un indicador de que no se ha olvidado de mí. Sostuve una amistad con Roberto Madrazo durante su campaña política. Otra persona que considero mi amigo es Héctor Astudillo, con él viajé por el estado, lo conocí y me percaté de que es una gran persona, él me preguntaba cómo palpaba a la gente, me decía: Dime tú que andas en las colonias, con la gente del pueblo. Creo que es un gran tipo y al menos yo me la creí.

Tuve mis raspones con Alberto López Rosas pero ahora es mi cuate, me invita a comer. A veces los políticos no están preparados para la crítica. Con Juan Salgado Tenorio seguimos siendo amigos, soy de los pocos amigos que le quedan. Incluso hice chistes sobre él que me pide que se los diga, le digo que es de los presidentes más honestos en la historia de Acapulco, el que menos robó, pero porque no lo dejaron terminar porque entonces se hubiera dado vuelo robando.

A René Juárez le gusta que le diga eso de que los negros antes eran estibadores, cargadores, macheteros y ahora son gobernadores, se ríe mucho de eso.

Con Zeferino Torreblanca es lamentable que no tengamos amistad, nunca lo he tratado. Cooperé mucho con él siendo alcalde de Acapulco, le hice shows gratuitos para los bomberos, para la Secretaría de Protección y Vialidad, fuimos a abrir un charter de Monterrey a Acapulco pero no he tenido un trato directo con él. Ahí decidí que El Costeño dejaría de ser ambulante, porque el ambulantaje harta al turista.

Cuando era alcalde Zeferino Torreblanca lo saludé y me entregó algún reconocimiento pero nada más. Lo considero una persona muy vertical y no es nada pendejo, es muy inteligente nuestro gobernador, pero solo no puede aunque sea muy chingón. Se rodea de gente que no está a su altura. Me gustaría ser su cuate y trabajar en favor de Guerrero. Lo que nunca le creí es que fuera perredista, eso sí quiero aclararlo. Algunos perredistas me siguen odiando pero yo atendí al llamado de un amigo, que me invitó a participar en un comercial. En particular creo en el PRI, lo considero un buen partido, creo en su ideología pero no creo en sus hombres.

Final

Concluye la conversación y Ricardo Javier Carranza Gasca, El Costeño, se dirige al camerino. No cabe un alma en el lugar donde actuará esta noche. Están presentes sus hijos, sus seres queridos, y también su padre, como dice él: Seguro que sí.

 
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