Pandillas imponen violencia en colonias y escuelas de Acapulco - La Jornada Guerrero
Usted está aquí: sábado 17 de marzo de 2007 Sociedad Pandillas imponen violencia en colonias y escuelas de Acapulco

Los sureños y los norteños, las dos bandas que pelean las zonas conurbadas

Pandillas imponen violencia en colonias y escuelas de Acapulco

Toman la moda de los clanes delictivos de EU y marcan el territorio a sangre y fuego

Su principal base de operaciones está en Rena, pero agrupan a otros de colonias céntricas

ROBERTO RAMIREZ BRAVO

El entorno desolado facilita las acciones delictivas contra los alumnos. En la gráfica, el acceso a la Preparatoria 2, en la avenida Ruiz Cortines
El entorno desolado facilita las acciones delictivas contra los alumnos. En la gráfica, el acceso a la Preparatoria 2, en la avenida Ruiz Cortines Foto: CECILIA DEL OLMO

Tatuados y armados, unos con pañuelos o gorras azules y otros con pañuelos o gorras rojas, o con simples pantalones cholos que los identifican, los integrantes de las bandas acapulqueñas se buscan, se disputan las calles, se encuentran y terminan en el enfrentamiento.

Toman la moda de las pandillas estadunidenses, se reparten el territorio y lo defienden literalmente a sangre y fuego, marcan sus espacios con grafitos y se pisan unos a otros, encimando al adversario sus firmas para demostrar supremacía. Su nivel de violencia puede ser muy alto y entre sus prácticas se dan pleitos callejeros, consumo de alcohol o enervantes, e incluso asesinatos.

Las bandas juveniles se diseminan por todo Acapulco, en particular por su zona conurbada de Renacimiento, Zapata y Coloso, pero también en colonias más o menos céntricas, y tienen asiento importante en las escuelas, desde primarias hasta preparatorias.

Las más numerosas hasta ahora son la Sur 13 –o los sureños– y la Norte 18 –los norteños–, que tienen su principal centro de operaciones en Renacimiento pero que aglutinan a bandas menores de otras colonias, en una especie de confederación que, sin embargo, no responde a un liderazgo único.

Ambas pandillas tomaron su denominación de las existentes en Estados Unidos, en especial de las que se ubican en California, que se han dividido la ciudad en norteños y sureños. Al igual que allá, los acapulqueños de Sur 13 utilizan un pañuelo de color azul o gorra de beisbol de los Dodgers; mientras, los de Norte 18 portan pañuelo o paliacate rojo y su equipo de beisbol son los Gigantes de Nueva York.

Los números 13 y 18 en las bandas de Estados Unidos hacen referencia a calles donde se originaron. En Acapulco, la denominación de sureño o norteño se origina en el lugar de Estados Unidos adonde hayan emigrado algunos acapulqueños que después volvieron a fundar sus bandas: los del sur, en California; los del norte, en Nueva York, Illinois o Atlanta.

“Cuando sus padres emigraron, trajeron la moda de allá: los pañuelos, las camisolas, y al regresar empezaron a formar esa mentalidad aquí”, expresa el director de la Unidad Deportiva de Renacimiento, José Luis Delgado García. Ahora los norteños y sureños se encuentran y se enfrentan en las calles.

Pertenecientes a ambos bandos, han quedado las pandillas menores: Palma Sola, Norteños Tepito, los Cruceños (de Las Cruces), Alta Laja, María de la O, Pollos, Anaconda, Maravillas, Tecolotes, La Boya, Chupis 18, Morros, Tepito, Barrio Negro, y varias que como nombre tienen un número, en alusión a la calle o manzana donde se han formado.

Aunque oficialmente las autoridades municipales han negado su presencia, también hay ex integrantes de la Mara Salvatrucha, aunque, a decir de un funcionario estatal que pidió el anonimato, “a los que vienen de ahí ya no les interesa meterse en bandas chiquitas. Los absorbe esta clase de vida y se vienen de Estados Unidos huyendo por problemas, o salieron de la cárcel y los deportaron.

“Aquí es muy fácil para ellos, porque dondequiera encuentran una tiendita; se hicieron adictos y van a comprar droga en estos lugares y ahí los absorbe la mafia, y luego se convierten en sicarios de Los Zetas o Los Pelones”.

Según explicó la sicóloga Jac-queline Jaimes Zegueida, directora de la Academia de Policía y Tránsito –que en la administración pasada municipal participó en un estudio sobre grafitis y pandillerismo realizado con la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal–, la mayoría de las bandas de Acapulco tienen un sentido de identidad, más que delictivo, y están integradas por jóvenes que provienen de familias disfuncionales.

La necesidad de liderazgo a como dé lugar, de controlar un territorio y de expresar una fuerte inconformidad ante la vida lleva a estos jóvenes a integrarse a la banda donde, paradójicamente, el sentido de lealtad es muy alto, expresó la investigadora.

Sin embargo, explicó que muchas veces en la misma banda no conocen sus motivos. Por ejemplo, mencionó el caso de un grafitero de la colonia Jardín, Snob, que pinta rostros del Che Guevara, pero no sabe quién es. O no tienen una respuesta a la pregunta de para qué quieren delimitar el territorio.

Aunque en términos generales norteños y sureños son adversarios, también suelen enfrentarse bandas diferentes que pertenecen al mismo clan. Eso sucede entre los Sur 13 de la colonia Jardín y los de Ejido, cuyo mayor enfrentamiento ocurrió en la calzada Pie de la Cuesta cuando se inauguraba el centro comercial Chedraui, hace tres años.

Enfrentamientos famosos han sido los de Las Palmas contra los de la Azteca, en Jardín Mangos, o los ocurridos casi diario en la terminal de camiones de la Simón Bolívar.

Un poco diseminadas han quedado las bandas que en la década de los noventa caracterizaron la zona conurbada del puerto de Acapulco, como Los 120, los Bolillos, los Batos Locos, Los Garrobos, algunos de cuyos miembros se dedicaron abiertamente a delinquir, a vender droga o simplemente han sido asesinados. Su sustitución proviene de nuevas generaciones: sureños o norteños.

 
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