Cacique “compra” tierras a sangre y fuego en la sierra de Petatlán - La Jornada Guerrero
Usted está aquí: miércoles 14 de marzo de 2007 Sociedad Cacique “compra” tierras a sangre y fuego en la sierra de Petatlán

Pretende apoderarse de la zona por su alto valor productivo, denuncian campesinos

Cacique “compra” tierras a sangre y fuego en la sierra de Petatlán

Ejecuciones en la vía pública y a plena luz, obra de Rogaciano Alba y sus pistoleros, dicen

La versión de que acá hay gente peligrosa es usada para hostigarnos, señalan

ROBERTO RAMIREZ BRAVO, (enviado) I (enviado)

Un campesino muestra el anónimo en el que se pide rescate por un secuestro, en un poblado de la sierra de Petatlán
Un campesino muestra el anónimo en el que se pide rescate por un secuestro, en un poblado de la sierra de Petatlán Foto: ROBERTO RAMIREZ

Sierra de Petatlán, Gro. La Morena es un pueblo de pocas casas; ahora varias están deshabitadas como resultado de una guerra sorda que se libra desde hace ocho años en ésta y otras poblaciones frente al embate de los caciques locales.

Asesinatos y ejecuciones de campesinos tanto en despoblado como en la vía pública y a plena luz del día conforman un escenario de violencia que comparten con otra decena de poblaciones, entre las que destacan El Camalote, Las Humedades, Rancho Nuevo, Las Ventanas, La Espinuda, El Nogal de Monte Verde, El Silguero, La Tigra, El Mameyal, La Botella, entre otras.

El origen del conflicto radica en la lucha por la posesión de la tierra, en el negocio del secuestro y el tráfico de madera. Los pobladores identifican como uno de los protagonistas principales al presidente de la Asociación Ganadera de Petatlán, Rogaciano Alba Alvarez, y a un grupo de pistoleros que se mueven en torno suyo, entre ellos Nino Bautista, señalado por Amnistía Internacional como un “cacique peligroso”, y Evencio Hernández, su compadre.

En las comunidades las viviendas vacías dan cuenta de los asesinados, a diferencia de otras regiones donde son abandonadas porque sus dueños se van en busca de trabajo a Estados Unidos. Algunos pueblos se han convertido en fantasmas, con la mayoría de las casas abandonadas, y otros, que habían quedado casi desiertos, poco a poco comienzan a recibir habitantes.

El hecho cotidiano es que tras el asesinato de algún jefe de familia los deudos emigran en busca de mejores condiciones de seguridad. Algunas veces regresan; otras, el pasto inunda los patios, y los animales –como las vacas de El otoño del patriarca del colombiano Gabriel García Márquez– se asoman por las ventanas de las cabañas vacías.

Rogaciano Alba Alvarez saltó a la fama internacional hace algunos años tras ser acusado de haber planeado y ordenado el asesinato de la defensora de derechos humanos Digna Ochoa Plácido, aunque la versión oficial de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal –insistentemente cuestionada por organismos de derechos humanos– es que esa muerte se debió a un suicidio.

Anselmo Torres Quiroz, abuelo y padre de la mayoría de los habitantes de La Morena, cuenta que en los últimos tiempos el conflicto se ha centrado en los intentos de los ganaderos Rogaciano Alba y Evencio Hernández por comprar esas tierras a bajo costo a pesar de ser áreas de humedales, planas, en las que se siembra “todo” y que por lo mismo tienen un alto precio.

Mientras ambos ganaderos han ofrecido pagar los terrenos a dos mil pesos por hectárea de riego, las tierras en cerros son valuadas en tres o cuatro mil, precisó. Curiosamente, dijo, quienes se han negado a vender han sufrido el asesinato de algún familiar. Hasta el momento no hay investigaciones oficiales al respecto.

Para llegar a estas comunidades hay dos accesos: uno por Coyuquilla, en las cercanías de Papanoa, y otro por la cabecera de Petatlán, los dos a partir de la carretera Acapulco-Zihuatanejo. En ambos, las poblaciones a la orilla de la carretera de terracería ostentan cruces de madera que van dando, a cada tramo, testimonio de los muertos. En unos casos son de cemento; en otros hay grupos de dos o tres cruces juntas. No son atropellados, son ejecutados.

Otro hecho revelador es que entre una y otra casa de madera se levanta de repente alguna construcción de cemento, fortificada, a veces en piedra, o con diseño profesional y cuidadosos detalles de arquitectura. “Es –explica un guía– la huella del narcotráfico”, de la que todos saben, pero pocos quieren decir palabra.

La Morena

En la comunidad de La Morena los habitantes viven con temor: “dicen que somos un grupo armado porque no nos dejamos, porque somos inconformes”, cuenta Fidel Torres, ex comisario. La tensión es tal, explica, que cuando encuentran un retén militar en el camino y los soldados les preguntan adónde van, los lugareños mencionan otra población para evitarse problemas.

En octubre pasado una partida militar se presentó en la comunidad para catear las viviendas. Fidel y su abuelo Anselmo Torres bajaron a Petatlán y se entrevistaron con el comandante del batallón, quien les dijo que había versiones de que en esa área había robavacas y secuestradores, pero también les aseguró que después de hacer sus investigaciones confirmó que no eran verdad.

Los habitantes de tres comunidades, La Morena, El Camalote y La Tigra, preparan un documento que entregarán al Alto Comisionado para Defensa de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, en el que se consigna que de 1999 a la fecha han sido asesinados unos 40 campesinos en las tres poblaciones.

El escrito –a cuyo borrador tuvo acceso este medio– acusa directamente como autor de las ejecuciones al ganadero Rogaciano Alba Alvarez, a su hijo Alejandro Alba y a su hermano Guillermo Alba Alvarez, así como a sus “pistoleros” Modesto Acosta Avila, Marcelino Acosta Avila, Daniel El Mocho Bautista y Alfredo Acosta Avila, de las constantes ejecuciones de campesinos.

“Estas personas presumen de ser conocidos del gobierno (y tener permiso) para portar en su carro su R-15 o su cuerno de chivo AK-47”, dice el texto.

Según testimonios de lugareños –algunos de los cuales pidieron omitir sus nombres, aunque otros aceptaron que se publicaran–, el presidente de la Unión Ganadera de Petatlán pretende apoderarse de sus tierras porque son zonas de alto valor productivo, humedales en los que todo lo que se siembra rinde.

“Ha amenazado que si no nos salimos va a venir a acabar con todos los barrios de aquí”, expresó Javier Torres Cruz. Un caso concreto, que cuentan los vecinos, ocurrió en la comunidad de Los Humedales en 2003. Eusebia Avila recibió una oferta de Rogaciano Alba y su compadre Evencio Hernández para que les vendiera sus tierras, pero no aceptó. Días después su hijo Bolívar Acosta fue asesinado, pero de todas maneras ella no vendió.

Lo mismo sucedió con Daniel Millán, a quien le ofrecieron comprarle las tierras y también se negó. Su hijo, Bernardo Millán, apareció muerto a balazos meses más tarde.

Aparte de las muertes selectivas, la tensión en estas comunidades se alimenta por hechos violentos que los campesinos atribuyen a los pistoleros de Alba Alvarez. El 9 de noviembre del año pasado, por ejemplo, Isabel Torres Yáñez fue baleado con AK-47 en Rancho Nuevo mientras sembraba su milpa y sobrevivió con un balazo y un rozón en la espalda.

Hace alrededor de una semana, en la comunidad de La Morena se presentó un comando de individuos armados, vestidos de militares, que los lugareños aseguran haber identificado como pistoleros de Rogaciano Alba. Eran las 4 de la madrugada, y los individuos permanecieron hasta que amaneció en un recodo del camino. “Estaban esperando a ver quién caía para llevárselo”, contó alguien.

“Aquí estamos incomunicados, no podemos salir ni a vender nuestros productos porque nos han dicho que nos van a matar, y cuando vienen (la gente de Rogaciano), parecen policías: llegan armados, con AR-15, AK-47 y lo hacen en montón”, relató Torres Rosas.

Las consecuencias de todas estas muertes se ven en las comunidades. En La Morena, por ejemplo, hay varias casas vacías y en una especie de zócalo, donde está una escuela primaria, el abandono es tal que el pasto ha crecido casi medio metro. En El Zapotillo, las cinco casas que forman la comunidad están vacías, aunque sólo cuatro corresponden a víctimas de asesinatos; el otro, Román, falleció por picadura de culebra. En El Mameycito son 13 las casas abandonadas.

En El Rincón hay seis casas solas, e incluso algunas fueron quemadas; Banco Nuevo se ha despoblado dos veces en los últimos ocho años, y de 30 viviendas que eran, sólo quedan cinco, y en La Tigra “hay casas solas a lo carajo”, dicen los campesinos. El escenario se repite por toda esta parte de la sierra.

Narciso Torres, ex comisario de La Morena, denunció que la versión de que en las comunidades serranas hay gente peligrosa –difundida principalmente por los caciques de la región– es utilizada para hostigarlas. Por ejemplo, cuando alguien arrojó unas granadas en la feria de Petatlán, el Ejército inmediatamente subió a esta zona a hacer revisiones.

“Ya estamos cansados de eso, sólo queremos trabajar en paz”, dice.

 
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